No pasa un día sin que algún rumor aluda a su pronta repatriación. Si el Chelsea, si el Manchester United, si el Arsenal, si cualquiera de los grandes de las islas británicas romperían el mercado para llevarse (y salvar) a Gareth Bale de lo que se plantea como una especie de martirio español.

 

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El futbolista galés tiene básicamente dos rivales: el primero, alinear sometido a posiciones y esquemas que no son los idóneos para sus condiciones; el segundo, haber resultado tan caro. Circunstancias fácilmente entrelazables por la siguiente premisa, tan común en los fichajes del Real Madrid: ¿para qué pagar semejante milloniza por alguien a quien adaptarás casi con calzador a tus circunstancias? Porque si estás dispuesto a llegar hasta los cien millones de euros a cambio de un futbolista, ha de ser, en específico, porque deseas aprovechar sus facultades, porque lo necesitas como es, porque pretendes sacar partido de lo que sabe hacer (y no de lo que tendrás que enseñarle a

hacer).

 

La realidad es que Bale, con el reconocimiento que merecen sus goles en dos Finales de la temporada pasada (uno de ellos, el que hizo al Barcelona en la Copa del Rey, ejemplo de su portentosa velocidad), no valía ni vale esa cantidad. De hecho, yo diría que a día de hoy, no es uno de los mejores diez futbolistas del planeta (como sí lo es Cristiano Ronaldo, como sí lo son los tres de arriba del Barça), pero el Madrid lo pagó y presentó como si en ese listado estuviera.

 

Las críticas, constantes en esta temporada, se han agudizado tras la derrota merengue en Turín, cotejo en el que el ex del Tottenham pasó desapercibido y tocó menos balones que el portero Iker Casillas. En España hubo dureza hacia su desempeño, aunque fue en Inglaterra en donde realmente se ensañaron con él, acaso porque es ahí en donde se tienen mayores certezas respecto a lo que es capaz de efectuar en la cancha, su grado de desequilibrio, su potencial para abrir cerrojos.

 

Personas allegadas al entorno madridista cuentan que al inicio de esta campaña se dieron lecciones particulares a Bale, en un afán de incrementar o mejorar su aportación defensiva. Lo anterior, obligado por un once que, de no tener lesionados, coloca en la media cancha a tres enganches o medias-puntas originales (y no a dos contenciones naturales, como el común de sus rivales). Sucedió que, de pronto, decidieron abandonar esas “clases” y suplicaron a Gareth que olvidara lo aprendido, pues eso estaba derivando en una evidente mecanización de sus movimientos y confusión en su futbol.

 

Mismo planteamiento antes lanzado: ¿para qué pagar tanto si lo quieres modificar? Y la respuesta no es deportiva sino comercial: para vender. Florentino Pérez vio en Bale a un galáctico y se empecinó en su fichaje, sobre todo, cuando la carrera por Neymar se la ganó el Barcelona (en medio de los escándalos con Hacienda, a saber a qué precio). Así como un año después su obsesión fue James Rodríguez y el colombiano se ha adaptado a cuanto se ha requerido, el galés no se ve cómodo. Eso no quita que ha tenido momentos de rutilante brillantez, porque si bien hemos dicho que no es uno de los mejores diez del planeta, sin duda se trata de un soberbio futbolista.

 

Si a todo lo anterior añadimos que en Inglaterra siempre fue propenso a lesionarse y que justo ahora está saliendo de un problema muscular, entonces no es tan difícil asumir lo que rodea a este enigma blanco.

 

 

 

 

Alberto Lati

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