En algunos círculos en torno al arte contemporáneo se desdeña a la pintura como parte del mismo, asegurando que esta disciplina forma parte de lo antiguo; del arte “tradicional”. Sin embargo, a finales del siglo XX y lo que va del XXI aún encontramos a figuras que le dan a óleo como campeones.

Surrealismo, collage, cuestionamientos. Es lo que encontramos en la producción del estadunidense Adam Caldwell. Cuadros que exploran el encuentro entre la psique y la cultura popular, yuxtaponiendo elementos del expresionismo abstracto y del arte figurativo. Esto filtrado por una preocupación sociopolítica.

Adam Hunter Caldwell nació en Framingham, Massachusetts, en 1963. Se graduó de la Escuela de Arte de California con una doble licenciatura en Bellas Artes e Ilustración en 1998, y en 2001 comenzó a enseñar en la Academia de Arte de la Universidad de San Francisco.

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Influenciado por la música, el cine y los cómics, Caldwell pinta sobre un fondo abstracto al que va añadiendo detalles realistas. Sus piezas están marcadas, por un lado, por una inquietud personal: “evocan las tensiones entre la mente y el cuerpo, yo y el otro, el presente y el pasado”.

Por otro lado: “plantean preguntas acerca de la naturaleza de la identidad, en particular sobre cuestiones de género y sexualidad. Estoy profundamente preocupado por el mundo a mí alrededor, y mi trabajo refleja mis reacciones a temas sociales como la guerra y el consumismo mediante el contraste de las imágenes de los anuncios americanos y la cultura popular con imágenes de rituales de todo el mundo”, dice Adam en su sitio oficial.

Entre sus influencias se encuentran pintores como Odd Nerdrum, Francis Bacon, Lucian Freud (uno de los artistas figurativos más importantes), Antonio López García y Jenny Saville (conocida por sus monumentales cuadros de desnudo femenino); artistas visuales como Barron Storey; y filósofos como Gilles Deleuze.

Adam Caldwell también es un guitarrista consumado y artista marcial, disciplinas que también conforman su punto de vista artístico. La pintura “me conecta con mi mundo, tiempo y cultura”, dice Adam, y agrega que su deseo es crear piezas que invoquen en otras personas las mismas sensaciones que él ha tenido frente al arte.