Delicado muslo, delicadas relaciones

Alberto Lati

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de 24 HORAS.

Al contemplar su imponente y corpulenta humanidad, su vocación de chocar y confrontar, su juego agresivo y vertical, podríamos pensar en todo menos en fragilidad o vulnerabilidad.

 

Sin embargo, Diego Costa es el tipo de gigante que se sostiene por un debilísimo mecanismo; no es el talón, como con Aquiles, sino un muslo izquierdo que ya le hizo perderse los momentos más importantes de la temporada pasada con el Atlético, incluida la final de la Champions cuando debió ser sustituido apenas al minuto nueve. Tras recurrir a todo mecanismo ortodoxo, el hispano-brasileño llegó a experimentar con métodos exóticos como la placenta de yegua, sin que nada logre fortalecerse esas susceptibles fibras.

 

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A la explicación anterior debemos añadir otros dos antecedentes que explican la tensión que le rodea.

 

El primero, es la relación (tan delicada como ese cuádriceps) entre el seleccionador español Vicente del Bosque y el actual director técnico de Costa en el Chelsea, José Mourinho; durante la gestión de Mou al frente del Real Madrid, los choques no fueron pocos, como cuando el portugués protestó por la elección de Vicente como mejor entrenador del año: “Acuso a la FIFA de irregularidades en la elección del mejor entrenador; hubo falta de transparencia. Tenía conocimiento de éstas, sabía que existían, y no las evitó.

 

No estoy sorprendido”; a ello, el español contestó con su habitual sensatez: “creo que cada uno debería opinar de su casa. Cada uno debe dedicarse a lo suyo, a su trabajo, a su tarea”. Tiempo después, la controversia emergió en virtud de Diego Costa, cuyas convocatorias a España han sido protestadas por Mourinho desde que el Chelsea fichó al atacante por 38 millones de euros.

 

El segundo antecedente, es el hecho de que Costa no haya nacido en territorio español. Esa condición de naturalizado añade al goleador pesadas cargas y mayor necesidad de probar que merece un sitio en la selección roja. No sólo es el provenir de Brasil (que ya antes figuraron varios naturalizados en el equipo nacional de este país: Marcos Senna, Juan Antonio Pizzi, Catanha, Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskas, Héctor Rial, José Santamaría, Ladislao Kubala), sino el haber sido incorporado cuando el representativo ibérico era el más poderoso del planeta y, a ojos de muchos, no hacía falta recurrir a “talento extranjero”.

 

Con esos tres factores, no debemos sorprendernos de las suspicacias que rodean a esta relación. Costa no acudió a la convocatoria anterior de España (en noviembre) y ahora se ha visto obligado a viajar a Madrid sólo para demostrar ante el médico que efectivamente está lesionado.

 

El propio Mourinho había adelantado el domingo que su jugador no podría estar con la selección: “Es una lesión en el muslo. Cuando un delantero está jugando y el equipo necesita un gol para ganar y dice que el partido se acabó para él, se acabó. Quiso jugar la final de la Liga de Campeones y se lesionó. Tiene esa fragilidad y sabemos que el tendón de la corva de esa pierna no está muy fuerte”. No obstante, Diego tuvo que certificar su incapacidad, de la que se dudó en virtud de que su recuperación será específicamente puntual para el siguiente compromiso del Chelsea.

 

Es frágil su muslo, pero todavía más la relación entre sus dos entrenadores (el del club y el de la selección), así como su rol al haber nacido fuera de la nación a la que representa.

 

Tanta fragilidad alrededor de la imagen de intimidante poderío que caracteriza al actual líder de goleo de la Liga Premier.

 

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