Cada vez que el fantasma de la Línea 12 se le aparece con todas sus adversidades fraudulentas, Marcelo Ebrard manda mensajes de que viene por todo el DF a través de la próxima Cámara de Diputados y que la acusación por tanto es política. Sin embargo, las irregularidades en la 12 son gravísimas e inocultables.

 

El problema de Ebrard es el de la ambición de poder. Está buscando no sólo una diputación sino la coordinación de alguna bancada -el PRD o cuando menos Movimiento Ciudadano- pero no para trabajo legislativo sino para convertirla en trampolín de la candidatura presidencial del 2018.

 

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Pero Ebrard confunde las realidades: siente que el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera lo está bloqueando, pero resulta que el trasfondo de irregularidades de la Línea 12 apenas va a revelarse. El lunes la empresa TUV Rheinland recomendó cambiar todos los trenes, lo que significaría el fracaso del proyecto y obligaría a una revisión del papel de Ebrard en la aprobación de la adquisición de trenes y rieles.

 

Por lo pronto, la suspensión del servicio de la Línea 12 por razones de seguridad forma parte del principal pasivo de Ebrard como jefe de Gobierno del DF. En los últimos 10 meses, el servicio de transporte funciona sólo en 11 de las 20 estaciones como una medida de precaución.

 

A este diagnóstico se va a sumar en el corto plazo el dictamen de la Cámara de Diputados que ha estado investigando las irregularidades. Así, el asunto podría pasar a la fase penal y con ello se inhabilitaría a Ebrard para buscar algún cargo público.

 

El fondo del conflicto se debe buscar en los estilos de Ebrard para hacer política. Cuando el jefe de Gobierno Mancera se encontró con los primeros reportes de irregularidades y peligros en la Línea 12, su primera reacción fue la de pedirle información a Ebrard. Pero Ebrard respondió con desdén a partir del argumento que no se cansa de esgrimir: que Mancera llegó al cargo gracias a Ebrard. Pero Mancera se negó a ser cómplice del fraude de la L-12.

 

Ebrard fue impuesto por dedazo por López Obrador y obtuvo 2.2 millones de votos contra un millón de la priista Beatriz Paredes y Mancera sumó tres millones de votos contra menos de un millón de Paredes nuevamente como candidata del PRI. Como jefe de gobierno, Ebrard fue intendente del lopezobradorismo y quiere que Mancera lo sea del propio Ebrard.

 

Formado en el PRI, forjado en el salinismo y pulido por López Obrador, Ebrard ha sido considerado como un operador de conflictos políticos. Fue uno de los pivotes del YoSoy132 y ahora su mano desestabilizadora se nota detrás de la movilización antisistémica de los padres de los 43 normalistas secuestrados por órdenes del alcalde perredista en Iguala.

 

Ebrard está urgido de darle un carpetazo al asunto de la Línea 12 y obtener una diputación con coordinación de bancada, aunque su problema es la falta de lealtades porque quiere jugar dentro del PRD para los intereses de López Obrador, quien lo mantiene como su secretario de Gobernación para efectos de negociaciones políticas. Sin embargo, en el PRD lo ven con desconfianza porque Ebrard suele jugar por sí mismo y no por el proyecto perredista.

 

La intención de Ebrard es la de colocarse como la pieza de recambio cuando López Obrador decida en el 2018 que no será candidato por cuestiones de salud y a partir de ahí buscar la alianza con el PRD de Los Chuchos. Pero para llegar al 2018 Ebrard tiene que saltar el 2015 cerrando el expediente de la Línea 12 y con una diputación-coordinación de bancada.

 

Los datos de la Línea 12, no obstante, podrían hundir a Ebrard por su responsabilidad directa en las irregularidades. De ahí su ofensiva contra Mancera y el PRD y su alianza cada vez más fuerte con el grupo de López Obrador, aunque al final no se salvará de los reportes que revelarán que la Línea 12 fue uno de los grandes fraudes en la gestión de Ebrard en el DF.