Menos mal que están en la Final, que de otra forma nos costaría imaginar sus respectivas problemáticas o crisis. Tanto América como Tigres llegan a la disputa por el campeonato mexicano tras haber sido los dos mejores del certamen regular y, sin embargo, lo hacen sometidos a férreos juicios, a severas inconformidades.

 

La frase “a lo Tuca” ha perseguido al conjunto felino en los últimos días; tras totalizar siete empates a lo largo de las 17 jornadas del certamen, los Tigres han igualado otros cuatro cotejos en la liguilla para acceder a la Final: ¡11 empates en 21 partidos! A esa cifra, añadir que se ha impuesto en Semifinales tras un doble empate a cero.

 

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Nunca nadie sumó tan poco (o hizo tan poco, según se vea) para meterse a la Final: cuatro partidos y cuatro empates, dos goles a favor y dos en contra. “Si estás esperando que no recibas gol de visitante, pues más te cuidas. Por eso esta Liguilla es la de menos goles. Yo podía meter un gol y si ellos meten uno estamos fuera, entonces prefiero no recibir gol”, sentenció el Tuca tras eliminar al Toluca; es decir, toda culpa que pretenda dirigirse a los Tigres por su baja productividad o espectacularidad, el director técnico la achaca al sistema. Quizá habría que agregar a Ferretti una pregunta, ya que se está quejando de la regla del gol de visitante: ¿por qué, a sabiendas de que tiene valor definitorio en caso de empate, no hizo más por lograrlo en la ida? La respuesta es que, más allá de lo que diga o justifique, porque su elección fue cuidarse 120 minutos… y le salió.

 

Con lo anterior no pretendo restar mérito alguno a los Tigres: plantel bien planificado, institución sólida, afición tan fiel y conmovedora que me encantaría verla triunfante en una semana, extranjeros bien seleccionados, entereza para superar una baja muy sensible como lo es la del lesionado Juninho. Pero con semejante presupuesto se espera más, tal como sucede a su rival, el América.

 

Cualquier persona neutral y alejada del contexto futbolero mexicano, alabaría en este instante la gestión de Antonio Mohamed como entrenador águila. Superlíder tan hegemónico en la primera parte del torneo que ya en la fecha 13 estaba calificado a la Liguilla, en plena Final con autoridad tras haber goleado al Monterrey en la ida, aunque envuelto en un par de tormentas internas.

 

Mientras que el común de los equipos teme a las explosiones, los grandes más bien son víctimas de las implosiones. Mohamed pudo esperar una semana para explicar que la ausencia de Paul Aguilar se debía a indisciplina (no a un problema muscular como de inicio se externó) y que él no seguirá en ese banquillo. Sin embargo, prefirió hacerlo en la víspera de la vuelta de la Semifinal. Así de desbalanceado llegó su equipo al domingo al Estadio Azteca y más allá de que no anotó, cuajó un partido eficaz.

 

Es momento de Final entre Tigres y América, instante que tendría que representar el mayor de los júbilos en los dos campamentos y entre sus respectivas aficiones, aunque eso no sucede a plenitud. Este domingo, el criticado Tigres que avanzó ronda por ronda “a lo Tuca” y que totaliza 11 empates, puede ser campeón. Lo mismo que el América, cuyo director técnico asegura querer quedarse, pero que ese deseo no le será concedido y con un doble mundialista mexicano separado del plantel.

 

Por eso digo: menos mal que están en la Final, que si no…

 

 

Alberto Lati

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