Elizabeth Garrido pone un fardo de heno sobre otro hasta que erige algo con la forma de un caballo, le coloca las riendas e inicia una cabalgata imaginaria, azuzando al animal con una fusta.

 

Todo es parte del entrenamiento que adelanta con el objetivo de cumplir su sueño: ser una de las primeras mujeres que ingresa al club de los jóckeys del principal hipódromo de México y conseguir tal vez montas también en Estados Unidos.

 

“(Los fardos) Son pesados, pero para montar un caballo hay que tener fuerza”, comentó Garrido, quien apela a los fardos porque no tiene un caballo de madera para los entrenamientos.

 

Garrido, de 27 años, es una de apenas dos aprendices de jóckey que tratan de ingresar a una actividad dominada históricamente por los hombres en México, donde ninguna mujer participa en una carrera profesional desde el 2005.

 

Su compromiso es tan firme que vive en el Hipódromo de las Américas, en la ciudad de México.

 

Reside en un frío y húmedo cuarto en la parte trasera de un establo, donde tiene una pequeña cama con una frazada roja y blanca. En un estante hay fotos de su familia y de los caballos que montó de niña en una hacienda del vecino estado de Puebla.

 

El día de Garrido comienza a las cinco de la mañana, en que ella y otros cientos de trabajadores sacan a galopar, lavan y alimentan a mil 400 pura sangre. Hacia el mediodía, cuando se completan las rutinas diarias de un hipódromo y la mayoría de los empleados varones descansan en sus catres cubiertos con cartones, Garrido comienza su entrenamiento.

 

Dice que siempre hay alguna persona que la hostiga… “uno o dos hombres machistas que trataron de denigrarme”.

 

“Me dijeron, ‘eres una mujer, no puedes hacer esto’. Pero eso me motiva más todavía para demostrarles que si realmente quieres algo, puedes conseguirlo”, manifestó.

 

Garrido y Jazmín Larios, de 22 años, siguen los pasos de María Villalobos, la primera jóckey mujer que tuvo México. Villalobos debutó en el 2001 y se retiró cuatro años después, para ser entrenadora.

 

Para pasar de aprendiz a jóckey profesional, un jinete debe participar en carreras durante un año o ganar 40 pruebas.

 

Garrido, quien pesa 49 kilos (108 libras), ganó por dos cuerpos en su debut el mes pasado y desde entonces se adjudicó otra prueba y consiguió un segundo puesto. Larios comenzó a correr en junio, intervino en diez pruebas y todavía no ha ganado una carrera.

 

Como la mayor parte de los jinetes, Garrido y Larios dicen que les gustaría correr en Estados Unidos, donde abundan las mujeres jóckey y un buen jinete puede ganar millones. En México, en cambio, un jóckey bueno gana unos 30.000 dólares anuales.

 

Sofía Barandela, quien lleva dos años trabajando como veterinaria y haciendo trotar los caballos, también espera correr algún día. La semana pasada completó el papeleo para ser aprendiz y dice que hay al menos otras dos mujeres que trabajan en los establos y que aspiran a ser jóckeys.

 

“En los próximos meses vamos a tener cuatro o cinco mujeres jóckeys y después de eso muchas más querrán correr”, pronosticó Ricardo Mar, director del hipódromo.