WASHINGTON. El principal obstáculo para el logro de una reforma migratoria tiene nombre: John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes estadunidense, afirma un artículo de opinión que publica el diario The Hill.

 

Boehner no ha permitido una votación abierta de la Cámara, con lo que terminaría la espiral de expulsiones de indocumentados que sacude al país y que alcanza los dos millones de inmigrantes repatriados del país desde la llegada de Barack Obama a la presidencia, subraya Fernando Espuelas, analista político de la cadena Univisión América.

 

La cifra es superior a la de sus predecesores, George W. Bush y Bill Clinton, y ya ha puesto en riesgo el apoyo de la comunidad hispana a Obama, que incluyó la reforma migratoria entre sus promesas de campaña en 2008 y 2012.

 

El dirigente puede llamar a una votación abierta en la Cámara como lo ha hecho muchas veces e ignorar la regla Hastert, usada por losrepublicanos para exigir un voto mayoritario de sus miembros para actuar sobre un proyecto de ley, aclara el artículo.

 

El texto critica al político por bloquear todas las iniciativas de ley de inmigración en la Cámara, sobre todo el proyecto aprobado por el Senado en junio pasado que ofrecería la naturalización a 11 millones de personas que actualmente viven en Estados Unidos de manera ilegal y otras iniciativas bipartidistas, incluso pequeñas medidas para hacer frente al problema.

 

Desde 2010 la Cámara nunca celebró una votación sobre este tema, con la excepción de unos pocos intentos para poner fin al alivio del presidente Barack Obama para los hijos de inmigrantes que fueron traídos al país como menores de edad, agrega.

 

Según el artículo, Boehner pone por encima de los intereses nacionales las necesidades del Partido Republicano, por lo que merece más el título de deportador en jefe que la presidenta del Consejo Nacional de La Raza, atribuyó hace unos días a Obama por por la alta cifra de inmigrantes expulsados por su gobierno.

 

Líderes republicanos de la Cámara de Representantes revelaron en enero principios sobre la reforma de las leyes de inmigración, pero la división en sus filas ha evitado que lleguen a algo porque temen que tomar una decisión sobre el asunto durante un año de elecciones legislativas pudiera socavar sus oportunidades en los comicios de noviembre.

 

Ayer la activista mexicana Elvira Arellano, quien fuera deportada en 2007 después de estar refugiada un año en una iglesia de Chicago, y otros 20 inmigrantes cruzaron la frontera por el puente de Tijuana para solicitar permisos humanitarios al gobierno estadunidense.

 

“Sé que estoy arriesgando mi libertad, el estar con mis hijos, porque podría ir a prisión y me pueden separar de ellos, aunque yo voy a luchar hasta el último momento por permanecer con mis hijos, dijo Arellano, quien cruzó acompañada de sus hijos Saúl, nacido hace 15 años en Estados Unidos, y Emiliano, nacido hace 4 meses en México.

 

Otros inmigrantes que cruzaron la frontera con anterioridad para pedir asilo o visados humanitarios han sido detenidos en las instalaciones de inmigración por las autoridades estadunidenses, que determinará si aceptan las solicitudes. La Oficina Aduanas y Protección Fronteriza ha dicho que las normas sobre privacidad le prohíben decir qué sucedió con quienes han tratado de entrar al país.

 

La activista Arellano fue detenida y deportada el 19 de agosto de 2007 de Los Angeles hacia Tijuana, donde luego fundaría una casa para migrantes repatriados y comenzaría su recorrido en tribunas públicas para expresar la compleja realidad de las familias migratorias y la forzada separación de familias por las constantes deportaciones del gobierno estadounidense.

 

Convocados por la Alianza Nacional de Jóvenes Inmigrantes (NIYA, por sus siglas en inglés), por medio de su campaña #BringThemHome (Vuelvan a casa), decenas de personas llegaron el martes a la frontera para iniciar la protesta y la caravana que cruzaría para pedir visa humanitaria o asilo a las autoridades fronterizas. (Con información de AP)