Será hasta unos minutos antes de la semifinal de la Copa del Rey, cuando el Real Madrid tenga la certeza respecto a si puede alinear a Cristiano Ronaldo.

 

Episodio digno del teatro del absurdo, en el que podemos imaginar al técnico madridista, Carlo Ancelotti, y a alguno de sus jugadores (pongamos, Sergio Ramos, o Luka Modric, o Gareth Bale, o el por esta vez titular Iker Casillas), haciendo los papeles de Vladimir y Estragon de Esperando a Godot. Sólo que en la obra de Samuel Beckett, Godot nunca llega, al tiempo que en la jornada de este miércoles lo más factible es que el crack portugués sí lo haga, una vez que se aclare la dimensión de su castigo y en qué partidos ha de pagarlo.

 

El absurdo se complementa con la inocultable (y exponencialmente creciente) dependencia que tiene el Real Madrid respecto a su principal figura. Con Cristiano en la cancha, todo se aparenta posible, todos lucen más eficientes, todos los caminos tienden a abrirse. Sin él, parece no existir paraíso merengue.

 

El rival es nada menos que el líder del balompié español, ese Atlético de Madrid que ha demostrado que antes de que llegue la paridad económica a esta liga (que no llegará), puede haber un atisbo de competitividad. Con los dos gigantes a sus espaldas en la tabla general, los colchoneros además se han probado capaces de cumplir en todo frente: soberbia primera ronda en la Champions League y ahora en semifinales de Copa del Rey.

 

En realidad, que los cuatro primeros clasificados del pasado torneo de liga sean quienes hayan accedido a la penúltima instancia copera, es clara señal de consistencia. La Real Sociedad misma, de momento dos peldaños abajo en la liga y pese a una terrible participación en la Liga de Campeones, ha sido muy regular.

 

Tiempo atrás, el común del aficionado habría hallado en colchoneros y donostiarras, dos impetuosos –pero inofensivos– comparsas en el camino a la final soñada (que tendría que ser, dado que los cruces del calendario lo han permitido, entre Madrid y Barça). Exorcizados los atléticos de sus fobias merengues, brincarán a la cancha con similares perspectivas de avanzar que las aglutinadas por su odiado vecino (eso, si el Godot que viste en la espalda el 7 llega, que si no…). Hubo antes una cadena de 24 partidos rojiblancos sin derrotar a los blancos, incluidas nueve victorias merengues al hilo. Ese delirio se ahogó en el río Manzanares y ahora, tan rápido cambian las circunstancias, la racha es favorable al Atlético y con dos triunfos consecutivos: el de la pasada final de Copa del Rey y el de la primera vuelta de la presente liga.

 

Con la Real Sociedad sucede algo similar, aunque en menor medida. Un plantel joven, aguerrido, muy bien dirigido, despierta temor en quien sea que lo encare, como ahora los blaugranas. Más todavía, que la vuelta será en Anoeta, territorio hostil siempre, pero más hoy, al que el club catalán habrá de llegar con buena renta de goles.

 

Al tiempo, en el otro emparejamiento Vladimir/Ancelotti se aferra al parlamento de Beckett y entona aquello de “¿Qué es lo que sé sobre el destino del hombre? Podría decirte más cosas sobre rábanos”. Acaso, se refiere al destino de su jugador bandera, Cristiano Ronaldo, en vilo hasta el cuarto para la hora, o a los rábanos para los que alcanza el juego de su once sin el genio del portugués.

 

El sistema de castigos del futbol español es complejo de entender y se discuten por doquier las variantes posibles para saber si CR7 alinea: si dos partidos por el golpe al rival (exagerado por el árbitro) y otros dos por los reclamos posteriores; si sólo dos cotejos en total; si no es agresión y entonces el castigo no aplica a Copa el Rey, debiendo saldarse en liga; si hubo error en el acta arbitral; si la imagen tal se revela una cosa; si en la imagen aquella, queda clara otra… En fin, Cristiano seguramente jugará, y la espera madridista tendrá sentido a diferencia de lo que sucede en la de Godot.

Alberto Lati

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