WASHINGTON. Ben Bernanke dice adiós a la Reserva Federal (Fed), el segundo puesto más poderoso en el país, tras pilotar la nave durante la mayor crisis financiera después de la Gran Depresión y lograr reflotar la economía estadounidense.

 

Bernanke, un prestigioso economista de Princeton y estudioso de la Gran Depresión de la década de 1930, pasó de los libros y los artículos académicos a las trincheras de la realidad para encarar una crisis financiera sin precedentes como resultado del estallido de la burbuja inmobiliaria y las hipotecas basura en 2007-2008.

 

Cuando le preguntaron el por qué se había especializado en la Gran Depresión al preparar su doctorado en economía en la década de 1980, cuenta la leyenda que su respuesta fue contundente:

 

“Si quieres entender geología, estudia terremotos. Si quieres entender la economía, estudia la mayor catástrofe que golpeó a Estados Unidos y la economías global”, aseguró.

 

Su conocimiento de esa gran crisis pasada y la eficiente gestión de la reciente fue la que llevó a que el presidente demócrata Barack Obama decidiese volver a nominarlo en 2009 para un nuevo mandato al frente de la Reserva Federal, después de haber sido propuesto por su antecesor George Bush, en 2005.

 

“Ben encaró un sistema financiero que estaba al borde del colapso con calma y sabiduría, con valiente decisión y una creatividad que han logrado poner freno a la caída libre de nuestra economía”, dijo Obama en agosto de 2009 al comunicar su intención.

 

Si sus logros se miden por el tamaño de los desafíos, los de Bernanke eran mayúsculos: el colapso de gigantes financieros de Wall Street, la bancarrota de la principal aseguradora del país AIG, millones de desahucios, contracción del crédito, alza del desempleo y, como consecuencia, un multimillonario rescate con fondos federales.

 

La “Gran Recesión” fue como se bautizó a esta nueva crisis, especialmente dañina por su prolongada duración y la inusual incapacidad mostrada por la economía estadounidense para repuntar con rapidez.

 

Tras el abrupto frenazo, la Reserva Federal bajó los tipos de interés con rapidez para impulsar la economía y ante la persistente debilidad, recurrió a un as en la manga: la conocida como “relajación cuantitativa”, la inyección de liquidez a través de la compra de bonos en tres tandas multimillonarias.

 

Esas medidas no convencionales de política monetaria se han convertido en su principal seña de identidad, ante el aplauso generalizado de banqueros centrales y economistas de todo el mundo.

 

Conocido por su temple y dedicación, reconoció no obstante en una de sus últimas apariciones públicas hace dos semanas que durante 2008 y 2009 muchas fueron las noches que pasó en vela tratando de enfrentar el desafío de recomponer una economía estadounidense que había saltado en pedazos.

 

Para cerrar el círculo, en los últimos meses, Bernanke dejó encauzada la moderada retirada del estímulo, que tras dos sucesivas rondas de reducción de 10.000 millones de dólares.

 

Otra de las improntas que dejan sus ocho años en la Fed es el énfasis puesto en la comunicación y la transparencia durante su mandato .

 

Bernanke, de 60 años, ha sido el primer presidente del banco central estadounidense que decidió ofrecer ruedas de prensa a la conclusión de las reuniones del Comité de Mercado Abierto, el organismo que rige la política monetaria, y entreabrir la puerta de tan hermética institución.

 

A partir de febrero próximo, quien comparezca ante los periodistas en la imponente sede de la Reserva Federal, será Janet Yellen, la actual vicepresidenta y primera mujer al frente del todopoderoso banco central.

 

Bernanke no ha desvelado cuál será su futuro fuera del banco central, pero de buen seguro que podrá dedicar más tiempo a su familia y a su otra gran pasión fuera de los cataclismos económicos: el béisbol.