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La imagen de una mesa sin cubiertos resulta extraña, pareciera remitirnos a un pasado demasiado lejano que, sin embargo, no lo es tanto. Particularmente, el tenedor llegó a la mesa mucho más tarde de lo que se cree, sólo después de haber sido calificado de utensilio escandaloso y amanerado.

 

En ocasiones, inmersos en la cotidianidad, pensamos que las cosas siempre han sido de la misma manera, y nos resulta difícil imaginar otras formas de ser, pensar y actuar en el mundo. Tal como señala Daniel Schávelzon en Historias del comer y beber en Buenos Aires, esta dificultad se manifiesta particularmente a la hora de sentarse a la mesa. La idea de un banquete en el que los asistentes comen del mismo plato y comparten el mismo vaso, nos resulta chocante. Sin embargo, las formas del comer tienen una historia y no pueden pensarse fuera de ella.

 

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