Nueva Zelanda sin capitán

Alberto Lati

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Curioso es el destino futbolero. Curioso y caprichoso.

 

Mientras que México ha decidido enfrentar la recalificación mundialista sin el concurso de sus futbolistas que militan en Europa, los neozelandeses lloran la noticia brotada en el último instante de espera de la vital eliminatoria (como ellos mismos la definen, los únicos partidos importantes que disputan cada cuatro años… A menos que se metan al Mundial y jueguen ahí encuentros todavía más relevantes).

 

Si un futbolista de esta selección imponía, se trataba del defensa central y capitán Winston Reid. No son nada más sus 191 centímetros de estatura, sino también su fortaleza, su carácter de brújula para todos sus compañeros en la cancha, su aporte ofensivo, su experiencia en el West Ham como uno de los mejores defensas centrales de la Liga Premier, su poderío en cada balón alto, su capacidad para salir jugando.

 

Con sangre y ancestros maoríes, Reid es la reivindicación futbolera de una cultura señorial en su dignidad y arrojo. Muy mediático (y temible) es el ritual del haka puesto en escena por el representativo neozelandés de rugby, los denominados All Blacks, antes de cada juego. Sin embargo, igual de sintomática al respecto es la historia de este pueblo, que propinó a los británicos severas derrotas durante las guerras del siglo XIX: su morir matando, su no escatimar sangre ni sudor, su aferrarse a lo propio, hicieron de Nueva Zelanda un caso distinto al del resto de la región y permiten que ahí hoy exista un status diferente para la población original de la isla (tan distinto a la segregación y sometimiento que persiste entre los aborígenes australianos).

 

El rol de Winston Reid en la selección de los kiwis era un poco más que indispensable. Luce insustituible, aunque así es el futbol y tan ingrato ha sido el destino con este plantel.

 

En todo caso, México tendrá que seguir asimilando que se enfrentará a una defensa conformada por genuinas torres (la clave, ganarles la espalda y moverles balón rápido), y que en acciones a balón parado en contra deberá -¡de una vez por todas!- saber defender. Por impecable que se jueguen estos partidos, todo se va a la basura en ese tiro de esquina en el que te ves anticipado o no reaccionas a lo que orquesta aéreamente el rival.

 

Ahora que Nueva Zelanda se lamenta por no contar con su máxima referencia futbolística (muchacho por el que Arsenal y Tottenham ofrecen muchos millones de dólares), vale la pena mencionar que ellos sí han convocado a todo lo que tienen en Europa, incluidos jugadores de ligas de Suecia, Escocia y Finlandia, o de segunda división inglesa.

 

Seguramente Miguel Herrera dio muchas pensadas a esta decisión y no me extrañaría que alguno de los europeos (al margen de Carlos Vela) haya preferido quedar fuera de semejante desafío (por seguro tengo que ese no es el caso de Javier Hernández, experto en enfrentar en Inglaterra precisamente al tipo de defensas que el Tri se encontrará este miércoles en el Azteca).

 

Están los que son y son los que están… Aunque con muy mala suerte para el rival del Tri.

 

Cosas del destino futbolero. Ese curioso y caprichoso destino.

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