LONDON. Hace un año, Malala Yousafzai era una estudiante de 15 años en el noroeste de Pakistán que pensaba en matemáticas y química, las canciones de Justin Bieber y películas.

 

Hoy es la notoria sobreviviente de un intento de asesinato del Talibán, promotora de la educación de las niñas y candidata al Premio Nobel de la Paz que se anunciará esta semana.

 

Es fácil olvidar que todavía es una adolescente muy lejos de su hogar.

 

El libro “Soy Malala“, publicado el martes, revela a una niña que disfruta de la telenovela “Betty la fea” y le gusta Angelina Jolie, se preocupa por sus ropas y su cabello, pero que también tiene una voluntad de hierro que le confiere una experiencia que va más allá de su tierna edad.

 

El libro, escrito por la periodista británica Christina Lamb, narra la vida de Malala antes y después del ataque el 9 de octubre del 2012, cuando un pistolero subió a un autobús lleno de niñas en el Valle Swat de Pakistán y preguntó “¿Quién es Malala?”, y cuando se lo dijeron, le disparó a la pequeña en la cabeza.

 

El ataque ocupa una descripción breve pero vívida en el libro, que tiene numerosos detalles interesantes. “El aire contaminado con olor a diésel, el pan y el kebab mezclados con el hedor del arroyo donde la gente vaciaba la basura”, recuerda Malala.

 

A partir de ese hecho, el libro narra la vida de la protagonista en su hogar en la región remota y montañosa de Swat, cerca de la frontera afgana. Ella considera “el lugar más hermoso del mundo” esa encrucijada que fue atravesada durante milenios por ejércitos e invasores, desde Alejandro Magno hasta Winston Churchill.

 

A este valle, en los años posteriores a los ataques terroristas en Estados Unidos en el 2001 y la subsiguiente invasión estadounidense de Afganistán, llegó el Talibán, un movimiento islámico fundamentalista. El libro describe su llegada: su oposición a la educación de las niñas, el cierre de los comercios de venta de devedés y peluquerías, la exhibición de los cadáveres de los ejecutados. Destruyeron antiguas estatuas de Buda y empezaron a volar escuelas.

 

“Destruyeron todo lo viejo y no trajeron nada nuevo”, escribe Malala.

 

Malala se describe como musulmana creyente y miembro orgulloso del grupo étnico patán, pero recuerda cómo desde pequeña cuestionaba la actitud de su cultura hacia las mujeres.

 

“Cuando nací, la gente de nuestro pueblo manifestaba lástima a mi madre y nadie felicitaba a mi padre”, escribe.

 

Pero su padre pensaba de otra manera. Y agradece a Ziauddin Yousafzai, un educador que fundó la escuela a la que asistía Malala y la mantuvo abierta a las niñas pese a las presiones y amenazas. Transmitió a su hija el amor por el conocimiento y un espíritu curioso. A los 11 años empezó a dar entrevistas televisivas sobre la educación de las niñas. En 2009 empezó a escribir un blog para el servicio de la BBC en urdu bajo seudónimo. Empezó a ser bien conocida en Pakistán, y como tal un blanco potencial para el Talibán.

 

Malala ahora asiste a la escuela en Inglaterra, donde vive con su familia en la ciudad de Birmingham. El Fondo Malala establecido en su nombre promueve la educación de las niñas en el mundo. Está dispuesta a regresar algún día a Pakistán y dedicarse a la política.