Cuando dinero y aplausos no bastan

Alberto Lati

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Gareth Bale se apresuró a seguir el ejemplo del barcelonista Neymar y de inmediato subió al pedestal a su nuevo compañero Cristiano Ronaldo. Si el refuerzo blaugrana había repetido hasta el cansancio que llegaba humildemente para ayudar a Lionel Messi y que el argentino es el indiscutible número 1 del mundo, el nuevo merengue ha resultado igual de enfático con palabras como “Cristiano es el jefe. Es el jugador principal. Es el mejor del mundo y yo quiero aprender todo lo que pueda de él”.

 

Muy bien, dirán muchos, tanto Neymar como Bale en ese afán de entrar con buen pie a su nueva plantilla y evitar confrontaciones. Muy mal, pienso yo, que con lo que se paga a Cristiano y Messi, con lo que se les aplaude, con lo que se les consiente, todavía sea necesario crear entre sus compañeros una corte de aduladores (algo que a los dueños de semejantes portentos de piernas, francamente, poca falta debería de hacer).

 

No es un problema nuevo. Podemos pensar, por ejemplo, en cuando el astro Didí fue fichado por el Real Madrid en 1959 y de inmediato chocó con figuras como Alfredo Di Stéfano y Ferenc Puskas (apenas estuvo ahí un año pese a que se encontraba en el pináculo de su carrera). Podemos pensar también en la infructuosa contratación de Zlatan Ibrahimovic por el Barça en el 2009, futbolista tan brillante como ególatra que nunca logró adaptarse a un colectivo ya hecho y poblado de estrellas.

 

En el fondo, es un problema que afecta antes que a nadie al futbolista, porque no terminamos de calibrar el daño que se le genera tratándole como semidios. A nadie, sea un jefe de Estado, sea un acaudalado heredero, sea una figura del espectáculo, sea un implacable goleador, sea un multimedallista olímpico, hace bien tanta consideración y cuidado en el trato otorgado.

 

Quizá recuerden algunos de los episodios acontecidos en visitas de Diego Armando Maradona a México: que se empecinó en jugar golf de noche, con lo que unas camionetas debieron ser desplazadas para echarle las largas y permitir iluminación; que exigió una pizza antes de saltar a jugar en el partido homenaje a Carlos Hermosillo; que otra vez dañó una suite por echar un futbolito en su interior… Porque nadie puede decir que no, a quien desde siempre se ha acostumbrado a escuchar que sí.

 

Numerosas voces dicen que el monto de la operación de la compra de Bale no ha sido especificado por la directiva madridista, para que Cristiano Ronaldo no tenga tan claro que su propio equipo le ha arrebatado la marca de futbolista más caro de todos los tiempos, para que no se encele. Algo absurdo… quizá tanto como atreverse a pagar cien millones de euros por un sensacional jugador que apenas estaba tasado en unos 60 millones. Sucede que el Madrid sabe cuánto depende del atacante portugués, tanto en lo deportivo como en lo económico. Sucede que CR7 no ha renovado todavía su contrato con el conjunto merengue que de momento expira en el 2015. Y sucede que hace un año declaró sentirse triste en el cuadro que viste de blanco.

 

Al final, Cristiano seguramente se quedará más años y eso será ganando no solamente más que Gareth Bale (cuyo elevado sueldo también ocasiona que muchos en el plantel exijan mejoras salariales), sino también más que Lionel Messi.

 

En fin. Repitámosles permanentemente que son únicos, que son los mejores. Ya se retirarán y lamentarán tan excesivo guiño.

 

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