Durante más de una década, el ciclista Lance Armstrong consumió sustancias ilegales para aumentar su rendimiento y poder ganar el Tour de Francia de 1999 a 2005. Fue acusado de desarrollar el programa de dopaje más sofisticado en la historia del deporte.

 

En el mundo existen dos centenares de sustancias y métodos de dopaje, los cuales se dividen en tres: las prohibidas en todo momento, en competición o las que lo están sólo en algunos deportes. Cada federación deportiva internacional, se trate o no de disciplina olímpica, tiene la obligación de informar a sus atletas de los castigos por su uso.

 

Sin embargo, ahora el pez gordo es el llamado dopaje genético.

 

La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) lo describe como “la transferencia de ácidos nucleicos o secuencias de ácidos nucleicos, y el uso de células normales o genéticamente modificadas”. Actualmente es indetectable.

 

Varios expertos opinan que en las olimpiadas de Londres 2012 hubo atletas genéticamente modificados. La duda es si se salieron con la suya y cuántas medallas se colgaron.

 

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Genoterapia

 

El dopaje genético es el uso no terapéutico de la terapia genética para mejorar el rendimiento atlético. Esto se consigue mediante la introducción de un gen artificial en el cuerpo que modifica la expresión génica.

 

Este tipo de dopaje es un método prohibido, al que todavía pocas personas tienen acceso debido a su elevado costo y al enigma respecto a las consecuencias de su utilización. En forma concreta, el dopaje genético se contempla como uno de los múltiples usos de la nueva tecnología médica: la terapia génica o genoterapia.

 

¿En qué consiste? En la inserción de genes en las células y tejidos de una persona, con la promesa médica de tratar una enfermedad, como es el caso de un padecimiento hereditario. Sin embargo, la tecnología continúa avanzado debido a que la técnica aún está en desarrollo.

 

 

Uno de los primeros antecedentes que la AMA tiene sobre el dopaje genético ocurrió en 2002, durante una conferencia en Banbury, Inglaterra, donde se reunió por primera vez a líderes deportivos y científicos para analizar dicho dopaje.

 

En el evento, los participantes se enteraron de los avances que ha logrado la ciencia en el campo de la genoterapia y las posibilidades de cura a muchas enfermedades devastadoras, pero también de los extremos a los que pueden recurrir los atletas a costa de las consecuencias y daños a los que pueden exponerse con la finalidad de ser “los mejores”.

 

Publicaciones de la Agencia Mundial de Antidopaje consideran la posibilidad de que algún día la genoterapia elimine diversas enfermedades, como la distrofia muscular, por ejemplo.

 

En la posibilidad de este tipo de dopaje, el atleta se inyecta genes normales en el cuerpo a fin de incrementar la función de una célula normal.

 

 

Benjamín Ruiz Loyola, investigador de la Facultad de Química de la UNAM, detalla: “el método del dopaje genético consiste básicamente en transformar ciertos virus, retirándoles el material genético para luego ser manipulado con nueva información genética, que se quiere trasladar al atleta y, de esa forma, el gen puede comenzar a expresarse”.

 

Lo anterior significa que el efecto que se busca se haga visible, por ejemplo, en caso de una lesión, “se puede aplicar como terapia genéticadigamos el gen ACTN3 o Alfa-actinina-3, que permitiría una recuperación mucho más rápida y, en consecuencia, en lugar de tardar siete o nueve semanas en sanar una lesión muscular tardaría sólo dos o tres”, explicó en entrevista el también diplomado en periodismo científico.

 

“Mientras que para aumentar la resistencia cabría la posibilidad de que con el uso de la hormona eritropoyetina (EPO), hormona glicoproteica que estimula la formación de eritrocitos y es el principal agente estimulador de la eritropoyesis natural, el atleta podría aumentar la cantidad de sangre en su cuerpo requiriendo menos oxígeno cuando está en competencia”, añadió el investigador.

 

 

Los riesgos

 

Aunque aún no hay registro comprobados de algún caso de este tipo de dopaje, sí existe la seguridad de que pueda ser llevado a cabo. Como están en proceso de investigación y estudio las consecuencias, aún no pueden ser determinados los riesgos.

 

Sin embargo, a consideración del investigador, el uso de la hormona eritropoyetina, propicia un incremento de los factores de coagulación y, por tanto, más posibilidades de una trombosis. También puede haber arritmia cardiaca por la presencia de trombos, que ocasiona infarto cardiaco.

 

Lo que se hace ahora es prevenir el posible mal uso de esta terapia médica enfatizando sus consecuencias, subrayó Ruiz Loyola.

 

 

Al respecto de los peligros de su aplicación, la Agencia Mundial de Antidopaje advierte que la terapia genética puede ser muy peligrosa. Según informes de la propia agencia, se ha informado de algunos casos de cáncer, como la leucemia, en pacientes que experimentan con la transferencia de genes.

 

Sin embargo, el surgimiento de laboratorios clandestinos, que a cambio de una considerable suma de dinero estén dispuestos a realizar dicho procedimiento a los atletas, sin importar el nivel de riesgo, resulta una alarma preocupante en el mundo deportivo.

 

A consideración de los investigadores, resulta difícil el hecho de poder detectar un gen que es insertado en el cuerpo, debido a que llega a formar parte del genoma del atleta, pero las probables consecuencias sí podrán ser percibidas y medidas.

 

 

Según un proyecto para su detección de la AMA, el gen insertado en el atleta para potencializar alguna característica se expresará por sí mismo y por ende producirá mayores cantidades de una proteína o enzima en particular, la cual se puede ser detectada y medida.

 

Otra forma de detección en la que trabajan los investigadores es la de analizar la conformación de imágenes, en la que se utilizaría un proceso similar a la resonancia magnética, para explorar el cuerpo en busca de expresiones genéticas poco comunes.