Tenía un par de semanas de haberme mudado a Alemania de cara al Mundial 2006, cuando recibí un telefonazo de México. Esta vez no era de deportes sino de información general y me solicitaba una cobertura diferente a lo que hasta entonces había hecho; todo hacía indicar que el sucesor de Juan Pablo II no sólo sería germano, sino además bávaro y de un sitio relativamente cercano a mi nueva ciudad Múnich.

 

Mientras emergía humo blanco del Vaticano, ya estábamos en camino hacia la localidad de Marktl am Inn. Una angosta carretera provincial, muy distinta al estereotipo de amplias y veloces autopistas alemanas, ralentizaba el trayecto. A ello debía añadirse la tormenta que caía esa noche.

 

140 kilómetros desde Múnich que implicaron tres horas hasta Marktl, llamada así por haber surgido como mercadito a las orillas del río Inn. En realidad, un pequeño punto incrustado entre Alemania, Austria y República Checa, que con tanto conflicto europeo pudo quedar  tras cualquier frontera y, sobre todo, que nunca sospechó razón alguna para tomar celebridad mundial. Por entonces, la señalización de entrada  al pueblo lucía descuidada y un tanto oxidada.

 

Para cuando llegamos apenas había una televisora instalando su unidad móvil y todos los lugareños estaban en ese momento en que la verbena empieza a convertirse en resaca.

 

Pensé que sería difícil encontrar la casa donde nació Joseph Ratzinger (desde esa noche, Benedicto XVI), aunque sin darme cuenta ya estaba frente a ella. Es tan pequeño Marktl am Inn (2 mil 700 habitantes) que a casi todo punto se llega sin siquiera buscarlo. En realidad, era la construcción principal, justo en la plaza donde termina la única calle importante. Cosa curiosa, entre esas mismas paredes también vio su primera luz, pero 50 años antes, el otrora hijo más célebre de Marktl, pionero de la industria automotriz.

 

Las campanadas de la pequeña iglesia, constantes en esa madrugada, daban toque solemne a una lluviosa noche en la que los locales brindaban y se abrazaban.

 

Ludwig, nativo de Marktl y quien no había conocido en persona al nuevo Papa, me explicaba: “Hoy nos sentimos muy contentos y satisfechos porque Ratzinger nació en Marktl. Nos alegramos porque nuestro pueblo es el lugar de nacimiento del nuevo Papa, por lo que hay muchas cosas buenas por venir”. Precisamente esa mañana el tabloide Bild había acusado en su portada que el alemán estaba siendo víctima de una conspiración, misma que le impediría convertirse en Papa… Y ahora, el mismo Bild estaba por publicar uno de los encabezados más célebres en la historia de la prensa alemana: Wir sind Papst! (¡Somos Papa!).

 

Supliqué a Ludwig me llevara con algún local que hubiera entablado contacto con Ratzinger, que pudiera hablar de su infancia, que tuviera argumentos para describirlo. La única opción era el alcalde que para ese momento muy posiblemente ya descansaría la densa jornada cervecera y se prepararía para un día de relevancia jamás soñada desde que asumió ese rol.

 

Hacia su casa fuimos (lo cual es poco decir, si acaso caminamos dos cuadras) y alguien, espantado por escuchar el timbre hacia la medianoche, abrió la puerta. El alcalde Hubert Gschwendtner nos atendió sonriente pese a la deshora: “El señor Ratzinger es un hombre muy simpático y conversador, siempre cercano a la gente y dispuesto a ayudar y a predicar. Se gana la confianza de la gente y eso hace que quieran estar a su lado. Está dotado de un gran carisma”.

 

Para una localidad de menos de 3 mil personas, casi todas empleadas en una refinería vecina, esto era un gran cambio: “Es importante para nuestro pequeño pueblo, porque creo que esto traerá muchos visitantes y turistas, lo cual para Marktl será muy, muy positivo”. Aunque ni el alcalde esperaba que hasta 100 mil visitantes al año pasarían por estas estrechas calles.

 

Ocho años después, Marktl y el río Inn dejarán de ser la cuna del Papa, aunque buena parte de su historia se apegará eternamente al hombre ahí nacido que se convirtió en sucesor de Pedro y después renunció al máximo cargo de la iglesia católica.

 

 

 

 

Alberto Lati

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