Quienes encabezan el cartel de la edición 2013 son dos nombres ingleses que desde hace muchos años mantienen una conexión particular con el público mexicano. Por primera vez en nuestro país, Blur probará la efervescencia de la tierra latina. Además, luego de un par de presentaciones más bien modestas, Morrissey probará que el Foro Sol es el escenario ideal para revivir esos tonos melancólicos con los que hace 30 años cambió el destino del Britpop.

 

Blur: El pop como melancolía experimental

 

En la siempre melódica isla Británica, la década de los 90 fue el escenario de algo que los medios londinenses bautizaron como la Batalla del Britpop: por un lado, Oasis, el grupo de Manchester cuyo sonido conectaba con el orgullo de la clase trabajadora; por otro, Blur, la banda de Londres encabezada por Damon Albarn, que ofrecía su imagen combinada de niño-bien y rebeldía.

 

Fue la era en que dos bandas actuaban como rivales y cuya arena de disputa era el canal de videos MTV.

 

Luego de dos décadas de altibajos y desgastes por esa exposición a los medios, Blur sobrevivió para convertirse en una banda casi de culto, que ha pesar de que nunca ha ofrecido conciertos fuera de Europa y Estados Unidos, cuenta con miles de seguidores en nuestro continente.

 

Su primer disco, Leisure (1991), tuvo un éxito moderado y pasó por la crítica como uno más de los discos que cada año se producían entonces desde en la isla. Para su segundo álbum, Damon Albarn impondría el sentido del camino de Blur en Modern Life is Rubbish (1993): se incorporaron guitarras que remiten a la música británica más tradicional. En las letras de Albarn, un humor cortante revelaba los sueños y prejuicios del inglés promedio de los suburbios.

 

El mejor ejemplo de lo que Blur hacía en esos años está en su video de “Country House”, dirigido por el artista Damien Hirst y que recrea a su manera, con glamour y algunos toques grotescos y enigmáticos, un nuevo giro a lo que se supone debía significar Britpop.

 

Luego de esos primeros álbumes, Blur entró a la élite del rock de su país con Parklife (1994) y The Great Escape (1995), álbumes donde Albarn encontró la conjugación correcta con el guitarrista  Graham Coxon. Desde “Girls and Boys” y “Parklife”, hasta las baladas “To The End” y “This is a Low”, Blur imprimió al Britpop la nota de desencanto de quienes en su juventud se enfrentaban al mundo en el vértice del cambio de siglo: Y todos decimos / que no queremos estar solos. / Usamos la misma ropa / porque sentimos lo mismo / Y besamos con labios secos / cuando decimos buenas noches / El fin de siglo /… no es nada en especial.

 

Aun con éxitos sonando en la radio, el nombre de Blur no era nada comparado con el suceso que había significado (What’s the Story) Morning Glory? de Oasis. Luego de un fugaz reconocimiento, pasaron a ser considerados una banda “pop, inauténtica y clasemediera”, poco atractiva en comparación al espíritu heroico de la clase trabajadora que evocaba Oasis. Blur perdía así la Batalla del Britpop. En el documental No distance left to run (2010), Damon Albarn recuerda aquellos años como una época en la que caminar por Londres significaba severos disgustos: en cualquier tienda, restaurante, cafetería o taller mecánico donde era reconocido, la gente tocaba alguna canción de Oasis.

 

Blur recurrió entonces a una reinvención impulsada por Graham Coxon, que los acercó al estilo de la música indie que por entonces nacía al otro lado del continente. Los sencillos “Song 2” y “Beetlebum”, incluidas en un disco simplemente titulado Blur (1997), grabadas en la lejana Islandia, serían sus cartas de presentación al mercado norteamericano y el trampolín al reconocimiento mundial. Para entonces Albarn había crecido y estaba preparado para hablar en primera persona de sus experiencias. En la música, habían encontrado ese estilo que hace a Blur fascinante: coros soterrados, palabras que tienen una aire familiar pero que hacen levantar las cejas; un deseo de causar molestia y manipular las reglas; ser aquel que observa y el hombre de todos los días al mismo tiempo.

 

Hacia el final del milenio, Blur se descomponía. Mientras grababan su siguiente disco, 13 (1999) los conflictos entre los integrantes habían crecido. Graham se empeñaba en dar a la banda un sonido fuerte y Albarn se inclinaba por la experimentación. Al final, aun cuando el punto de vista de Graham prevaleció, el disco está permeado por experimentos con sonidos electrónicos y música de góspel.

 

En esa época Damon Albarn estaba más lejos de Blur que nunca: se concentraba más en un proyecto de músicos virtuales que había concebido junto a Jamie Hewlett y que estaba causando furor: los Gorillaz; además sufría el fin de su relación con la artista Justin Frischmann. Los sencillos de 13, “Tender” y “No Distance Left to Run” describen la lucha del cantante por desprenderse de ese sentimiento. De manera inesperada, 13  tuvo un éxito más allá de lo comercial: se percibió como un intento “deliberadamente poco comercial” de la banda, lo que les devolvió su lugar en la red social del orgullo inglés.

 

Famosos dentro y fuera de Inglaterra, Blur intentó grabar un séptimo disco, pero Graham Coxon abandonó la banda en medio de la grabación de Think Tank (2003). Albarn llenó el vacío que había dejado el guitarrista con su interés en el hip-hop y la música africana.

 

Ya convertidos en leyenda, durante el siguiente lustro los miembros de Blur se desperdigaron sin emprender nunca una gira mundial. Damon Albarn lo hizo con Gorillaz (estuvo en México en 2002) y participó en muchos otros proyectos, que incluyen la puesta en escena de una ópera; Coxon grabó ocho discos solistas; el bajista Alex James se redescubrió como fabricante de quesos y el baterista Dave Rowntree fracasó en su postulación a un escaño del parlamento como miembro del partido laborista.

 

En 2008, con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos de Beijing, y a manera de recordatorio de que la siguiente edición sería en Londres, los organizadores reunieron a Blur para un concierto en el Hyde Park, que se extendió a tres fechas más y una presentación en Manchester. Más de una década después de su derrota en la Batalla del Britpop, las reseñas de los conciertos de Blur eran espectaculares; los periodistas estaban de acuerdo en que su música se había potencializado con el paso de los años.

 

Esos conciertos fueron el preámbulo a la cúspide de su regreso en el Festival de Glastonbury, en un concierto épico que los propios miembros de la banda recuerdan como su mejor presentación. Desde ese día, cada vez que Damon Albarn declara ante un periodista afirma que el próximo será el último concierto de su banda, cuyas canciones significaron la música de fondo de la generación que creció en el preámbulo del milenio.

 

Aunque Blur nunca emprendió una gira mundial para promover su música, los altibajos y transformaciones de su carrera adquirieron cada vez más un matiz universal; por eso su música alcanzó a buena parte de la generación latina que creció bajo el influjo del Britpop y los videos de MTV. En el festival del rock en español por excelencia, Blur tendrá la oportunidad de saldar una deuda.