Un niño que dejaba unas huellas especiales en la arena. La cosa más rápida sin piernas. Blade Runner. Un corredor que genera todo menos lástima. Un deportista que ha invertido tanto tiempo mejorando sus marcas como exponiendo su caso ante tribunales y organismos deportivos con el fin de probar que las prótesis no le generan una ventaja por encima de quienes sí tienen piernas. Y es que tiene una ambición: dejar de competir en los paralímpicos y entrar a unos Juegos Olímpicos. Finalmente, cuando parecía que el sueño se desvanecía, ha sido convocado al equipo sudafricano de relevos 4 x 400 Londres 2012.

 

El concepto de discapacidad se ha hecho relativo a través de personas como él. Joven que fue educado como lo que era: un tipo normal con ciertas especificaciones y limitaciones; nada raro tratándose de un ser humano.

 

Es el 2010. Llegamos a ver entrenar a Óscar Pistorius en la Universidad de Pretoria, en Sudáfrica.

 

Antes de lograr ingresar al estadio que surca en veloces vueltas, ya escuchamos el rebotar metálico de sus prótesis contra la grama.

 

Al término de una rutina, deshidratado y exhausto, gira hacia nosotros y dice entrecortado: “¡Qué orgullo que vengan de México a verme!”. No hay tiempo para responderle porque su entrenador ya proporciona nuevas indicaciones y Pistorius, ceño fruncido, vuelve a acelerar.

 

Él se ha autodenominado, riéndose una vez más de los políticamente correctos, “La cosa más rápida sin piernas”; los medios de comunicación, en tanto, prefieren el más mediático apodo Blade Runner en recuerdo de la película de ciencia ficción dirigida por Ridley Scott, en la que seres creados con ingeniería genética son más poderosos que los humanos.

 

Y ahí va de nuevo Pistorius: el atleta paralímpico obsesionado también con ser olímpico, el corredor con doble amputación que genera todo menos lástima, el deportista que tanto tiempo pasó mejorando sus marcas como exponiendo su caso ante tribunales y organismos a fin de probar que las prótesis no le generan una ventaja por encima de quienes sí tienen piernas.

 

Mientras sigue corriendo, mientras su novia lo cronometréa a la espera de que termine la sesión de entrenamiento del fenómeno, mientras su entrenador se nos acerca a contar detalles de cuando empezó a trabajar con Óscar, recordamos su historia.

 

Pistorius nació con un mal congénito: al carecer de peronés, le fueron amputadas las dos piernas antes de cumplir el año de edad.

 

Ahí empezó su vida sobre prótesis pero, sobre todo, su obstinación deportiva: jugó rugby, se involucró en polo acuático, no desistió de participar en competencias de lucha libre. Su infantil mente pronto entendió que su cuerpo simplemente presentaba ese tipo de limitación.

Mientras hojeábamos con él las fotos de su libro autobiográfico, nos narraba que cierta vez, mientras se encontraban en la playa, preguntó a su madre: “¿Por qué yo no dejó en la arena huellas como las de los demás niños?”. A lo que ella contestó: “Sí dejas huellas, sólo que tus huellas son especiales”.

 

La naturalidad con la que su familia siempre se aproximó a su discapacidad fue la clave a través de la cual el niño Óscar creció con más metas que complejos.

En el 2003 se lesionó jugando rugby y entonces cambió en definitiva el rumbo de su carrera: se convertiría en velocista.

 

Luego de sus primeros triunfos a nivel paralímpico en Atenas 2004 y al mostrar que lograba mejorar sustancialmente sus tiempos, se marcó como aspiración competir en los Olímpicos de Beijing, lo cual le fue impedido por los tribunales deportivos, que por entonces consideraban una ventaja las prótesis de fibra de carbono.

 

Y esas prótesis se retira al terminar el entrenamiento en Pretoria. Se pone los pantalones deportivos que ya traen cocidas las prótesis de calle con todo y tenis. Empezamos la entrevista.

 

-Óscar, disfruto mucho preguntar a los atletas paralímpicos si se sienten discapacitados…

-Claro… (sonoras risas, voltea a ver a su novia quien también se ríe). Es una pregunta genial porque nadie de nosotros se mira como discapacitado… La diferencia entre ser capacitado o discapacitado está verdaderamente en la cabeza. No tener piernas no significa que sea incapacitado, tengo un millón de habilidades más.

 

-Hay anécdotas muy curiosas que me permiten entender que tú siempre te aceptaste como eras… Que el problema era más bien de tu entorno… Como cuando montabas motocicleta de adolescente…

 

-Es que nadie podía creer que un niño sin piernas montara motocicleta y muchas veces mi pierna, la prótesis, se me caía en el camino, y me volteaban a ver nerviosos. Yo me reía y me regresaba a recogerla. No era para tanto (vuelve a reírse). Pero yo hacía exactamente lo mismo que todos los demás chicos, no tenía por qué frenar.

 

-Sigues luchando por acudir a mundiales de atletismo y a Olímpicos…

 

-Quiero correr en una plataforma en la que pueda enfrentarme a la más fuerte competencia; no me importa ganar o perder ahí, sino demostrarme que puedo estar contra los mejores. Espero que en el 2012 ó 2016 pueda correr en los Olímpicos y estamos trabajando muy fuerte para que eso suceda. Y te digo, eso va a pasar muy pronto.

 

-Has dicho antes que tendría un simbolismo especial si eso sucediera en Londres…

 

-Estoy muy emocionado de que sea en Londres, de poder correr en los Olímpicos 2012, el Reino Unido es probablemente el país en el que he corrido más veces y yo quisiera que fuera el sitio en el que completara ese ciclo con la competencia de más importancia que son los Olímpicos.

 

Un año y tres meses después de ese diálogo, Pistorius participó en el Mundial de Atletismo en Daegu, Corea del Sur. El camino a Londres lucía nítido, pero tuvo severos problemas para dar la marca exigida. Finalmente, cuando parecía que el sueño se desvanecía, Pistorius se metió a los Olímpicos al ser convocado al equipo sudafricano de relevos 4 x 400.

 

Recientemente volvimos a encontrarnos en Londres. Ya con una imagen posicionada que incluso vende fragancias, Pistorius nos atendió con la misma actitud relajada de Pretoria. Al felicitarlo por su participación en Daegu, aclara: “Tuve una gran carrera en la primera ronda en los Mundiales de Daegu, corrí uno de los dos tiempos más rápidos de mi vida, pero en la semifinal ya no estuve tan contento con mis tiempos, pude hacerlo mucho mejor, mostré falta de experiencia. Aprendí mucho en Daegu en esos Mundiales y espero implementar esas lecciones en Londres. Espero que aún haya mucho más que mostrar. Tengo 25 años. Los velocistas normalmente llegan a su punto máximo entre los 27 y 29, entonces ojalá vengan un par de años para superarme”.

 

Al tiempo que llega el anuncio sudafricano de que Pistorius sí estará en los Olímpicos, volvemos a echar la memoria atrás a aquel primer encuentro en Pretoria. Pateamos un balón de futbol cerca de donde él está y empieza a dominarlo, efectúa malabares. Imposible negarlo: ya con pantalón puesto y jugueteando con la pelota, hemos vuelto a olvidar que Pistorius no tiene piernas. Coincidimos una vez más: no es un hombre normal, es un súperdotado.

 

@albertolati

 

 

 

Alberto Lati

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