Un fenómeno que antes era exclusivo de brasileños o argentinos: tener a tantos futbolistas de primera línea, generar semejante cantidad de grandes talentos, hasta que no hay sitio para todos en la selección.

 

Muchos países sin esa suerte utilizan la ecuación opuesta, es decir, naturalizar a algún jugador que brilló en su liga y nunca fue considerado para su cuadro nacional. Con brasileños lo han hecho países tan distintos como Japón, Alemania, México o Croacia; mundialistas nacidos en Argentina los ha habido con España, Francia, Suiza, Paraguay, México mismo.

 

Si acaso es un fenómeno acentuado por la globalización pero de ninguna manera es reciente precisamente porque la migración nada tiene de nueva (sea para jugar lejos de donde naciste o para iniciar vida en otro sitio). Ya para el Mundial de 1934, la selección de Italia recurrió a lo que denominaba los oriundi, futbolistas argentinos con ascendencia italiana. Benito Mussollini se había empeñado en que ese torneo lo ganara su país y mando traer de Buenos Aires a cuatro elementos subcampeones en el certamen anterior: Raimundo Orsi, Enrique Guaita, Luis Monti y Atilio Demaría.

 

El asunto es que España solía naturalizar talentos para fortalecer su plantel (en épocas más remotas, Alfredo Distéfano o Ferenk Puskas; a últimas fechas, Marcos Senna o Mariano Pernía) y hoy ha entrado a una dinámica completamente distinta: tantísimas figuras que muchas van condenadas al banquillo o de plano quedan fuera del plantel.

 

¿Quién jugará en la media cancha española? Xavi, Iniesta, Xabi Alonso, Busquets, Mata, Silva, Fábregas, Cazorla, son todos elementos que alinearían casi en cualquier sitio. Más aún, Mikel Arteta fue uno de los mejores futbolistas del año en la Liga Premier con el Arsenal y ni siquiera estuvo en el radar del seleccionador Vicente del Bosque (en la inglesa por supuesto que estaría); lo mismo Diego Capel, brillante en el futbol portugués pero ni pensable para la ´roja´, Esteban Granero con cada vez más relevancia en el Madrid o el joven Oriol Romeu quien en cierto momento del año ordenó la medular del Chelsea.

 

Algo parecido sucede en la línea delantera, incluso pese a la ausencia por lesión del estelar en Sudáfrica 2012, David Villa. El veterano Raúl González demostró calidad para estar, aunque su nominación nunca lució viable. A Roberto Soldado 65 goles en las últimas dos ligas no le han bastado, como tampoco su fulminante aparición en el Atlético a Adrián López.

 

Al tiempo que la economía española padece las peores vacas flacas en décadas, su futbol se encuentra rodeado de la más robusta abundancia, impensable apenas cinco años atrás. Por entonces, los ibéricos se aproximaban a su selección de la manera más fatalista y menos confiada, sin esperar que tan pronto se convertirían en máxima potencia y tendrían tal sobrecupo de talentos para su representativo nacional.

 

@albertolati

 

Alberto Lati

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