“¿Por qué, maestra? ¿Por qué se oyen muchos cohetes?”. En medio de su propio miedo, la profesora de tercer año, alcanza a responder, para tranquilizar al niño de primaria pero también para escuchar para ella palabras de sosiego. “Ya va a pasar, tranquilos”, apenas murmura.

 

El sobresalto de los alumnos de primero a tercer grado es mayor a la hora de salida de la escuela. Afuera, unos pequeños con sus padres, también hacen preguntas que ya son difíciles de responder.

 

“¿Qué pasa, papá?, ¿Qué pasa?”. Esta es la pregunta de una niña de un metro con 25 centímetros, a su padre que llegó por ella desesperado, y ahora la saca en vilo del salón.

 

Sólo han pasado 15 minutos de la mezcla de ruidos de ráfagas y granadas, protagonizado por policías locales y presuntos narcos, y en el patio de esa escuela ya hay una treintena de padres, que se amontonan sobre la reja para recoger a sus hijos.

 

Este hecho ocurrió hace tres años en la capital de ese estado, y provocó que después los maestros y los padres de familia demandaran medidas de seguridad.

 

De esta manera, desde 2010, en algunas entidades con alto nivel de violencia se han instrumentado medidas para preservar la seguridad de los menores de edad, y así saber cómo actuar ante situaciones de inseguridad.

 

Para esto se llevan a cabo simulacros de balaceras, y que tanto maestros, alumnos y directivos de los planteles, sepan cómo actuar.

 

Las dramatizaciones han llevado a cabo en escuelas primarias y secundarias de los estados de Veracruz, Guerrero, Michoacán, Tamaulipas y Chihuahua. En Ciudad Juárez, se les ha aplicado con mayor frecuencia.

 

No obstante, la medida ha provocado posiciones encontradas entre autoridades; primero, porque en algunos casos como ocurre en Tamaulipas y en Chihuahua, no ha partido de las autoridades estatales porque consideran que es dañino para los menores someterlos a un simulacro ligado con este tipo de violencia.

 

De ahí que este tipo de acciones se hayan determinado por parte de autoridades municipales como ocurrió en Ciudad Juárez, o bien como ocurrió en Matamoros, por cuenta de algún director que se atrevió a hacerlo.

 

Plan dos: campamentos escolares

 

Una segunda medida fue instalar campamentos y evitar que en zonas de alta marginalidad, en las cuales se ha recrudecido la violencia ligada con el combate al narcotráfico, los menores no estudien la secundaria, porque no hay condiciones para llegar hasta la escuela, porque corren riesgos.

 

Al mantener a los niños concentrados brindándoles alimentación y actividades recreativas, pretenden además que las células ligadas con los cárteles del narcotráfico, no recluten a los jóvenes.

 

Los campamentos para prevenir la deserción y restablecer el tejido social, tienen como base un proyecto piloto que arrancó la Secretaría de Educación Pública a nivel nacional, el año pasado, para rescatar a adolescentes que no se habían inscrito a secundaria, por sus condiciones de marginalidad y de alta violencia en sus comunidades.

 

De acuerdo con el documento de esa dependencia federal, se pretende alejar a los jóvenes de la violencia en 46 municipios de seis estados del país, con la participación de la Secretaría de Salud, de Desarrollo Social y la de Trabajo y Previsión Social.

 

El programa en mención, que ya se lleva a cabo en Sinaloa, Michoacán, Nuevo León y Durango, mediante la instalación de campamentos motivacionales que se llevan a cabo cada mes de julio, incluirán también a los estados de Chihuahua y Tamaulipas, para este año.

 

Entre los municipios de esas entidades en donde se aplican mecanismos de motivación mediante tutores que se hacen cargo de grupos de entre 250 y 300 menores, se encuentran municipios con alto índice de violencia como Monterrey, Apodaca, Escobedo, Guadalupe, en el caso de Nuevo León. Durango, Gómez Palacio y Santiago Papasquiaro en el caso de Durango; Culiacán, Mazatlán, Guasave y Ahome en el caso de Sinaloa.

 

Mientras que en Tamaulipas se incluyen, entre otros Ciudad Mier, San Fernando, Nuevo Laredo, Ciudad Victoria y Reynosa.

 

Y en el caso de Michoacán, se incluyen Morelia, Lázaro Cárdenas y Uruapan.

 

A pesar de que esta es una de las estrategias de la SEP para el Fortalecimiento del Logro Educativo, y de que hubo una reunión nacional de planeación en 2011, el área de Comunicación Social dijo tener que buscar con las diferentes subsecretarias quién se hace cargo de este programa, para poder dar a conocer los avances que tiene en esas entidades hasta ahora con la realización de esos campamentos.

 

Plan tres: el manual

 

Pero no sólo en escuelas primarias y secundarias se han desarrollado acciones para prevenir la inseguridad, también las instituciones de educación superior elaboraron el año pasado, una tercera medida. Se trata de un manual para prevenir riesgos por extorsión, balaceras o actos de intimidación hacia los alumnos.

 

El director de Comunicación Social de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), Gregorio Castañeda, éste no es una imposición a las escuelas ni a los maestros, tampoco hay una evaluación, y cada institución educativa puede tomar lo que quiera o lo que le funcione del referido manual.

 

Respecto a si tienen algún registro de que instituciones de ese nivel en el país lo han puesto en marcha, dijo que no hay estadística de cómo o dónde se aplica, esta edición que consta de mil ejemplares.

 

Hasta ahora, estos ejercicios han sido aislados pero se han llevado a cabo en varios estados como Veracruz, Guerrero, Michoacán, Tamaulipas, Chihuahua, Nuevo León, Sinaloa y Durango.

 

Se esperan resultados

 

De manera aislada, las autoridades gubernamentales y escolares de los ocho estados donde se aplican los tres planes –Veracruz, Guerrero, Michoacán, Tamaulipas, Chihuahua, Sinaloa, Nuevo León y Durango-, hablan de que por lo menos existe tranquilidad de jóvenes, padres de familia y maestros frente a escenarios de extrema violencia.

 

“No estamos contentos del todo, pero al menos no nos cruzamos de brazos y estamos haciendo algo”, habla un profesor de Monterrey. Esto, dice, tranquiliza pero a la zozobra “nadie se va a acostumbrar”.

 

No hay forma de contabilizar resultados, pues los mecanismos son nuevos, experimentales, y provienen de iniciativas a partir de escenarios con características especiales en cada región.