Todo proyecto de desarrollo para un país, que pretenda ser exitoso, debe considerar y combinar los planos económico, social y político, o dicho de otra manera, incluir la necesidad de un elevado crecimiento económico, una red de protección social y un alto grado de participación ciudadana.

 

Los años transcurridos desde las reformas realizadas desde la década de los ochenta, y lo aprendido de la crisis actual, nos llevan a considerar una serie de cuestiones fundamentales:

 

– No existe un modelo único de crecimiento económico.

 

– No existe una forma única de integrarse a la globalización.

 

– La necesidad de redefinir el papel del gobierno como el indicado para decidir sobre la dirección de la economía.

 

– Lo político no debe estar subordinado a lo económico sino todo lo contrario.

 

– Lo social, incluyendo empleo, distribución del ingreso y combate a la pobreza, no se solucionan mágicamente asegurando solo el crecimiento económico, sin por el contrario el crecimiento económico y la protección social se condicionan mutuamente.

 

– En el plano político, debemos hablar de la política con mayúsculas y no, como en el presente, restringirla a lo electoral y el clientelismo.

 

La respuesta internacional a la crisis, así como los casos nacionales, han vuelto a poner el énfasis en lo puramente económico, con resultados muy pobres, y con escasos intentos de soluciones integrales.

 

Los resultados electorales y los hechos, principalmente en Europa, muestran el mantener esas situaciones, con la penalización de gobiernos y la entrada de tecnócratas a altos cargos ejecutivos.

 

Asimismo, el mes pasado nos mostró el regreso a los mecanismos de ajustes tradicionales, con los casos de Italia y Argentina, con su enorme carga social.

 

El alivio circunstancial que pudiera darse en las cuentas gubernamentales y en el sistema financiero internacional estará condenado a repetir problemas sin encontrar soluciones mientras no se lleven adelante políticas eficientes, inspiradas en el bienestar de la gente, y garantizadas por la amplia y responsable participación ciudadana.

 

El lado beneficioso de la crisis es la gran oportunidad de hacer las cosas de un modo diferente y con objetivos que permitan no solo el funcionamiento económico financiero sino que garanticen un mundo nuevo, con oportunidades para todos.

 

 

*Académico en la Universidad Iberoamericana.