En las calles de Nueva York, Berlín y Londres han comenzado a aparecer en las paredes “fantasmas”, así los llama su creador, Paolo Cirio, un artista que se distingue por sabotear los autos de Google que van recorriendo las calles de las principales ciudades de este mundo alimentando su base de datos con todas las imágenes que se atraviesan a su paso.

 

Los Street ghosts son las imágenes de personas que se quedan en medio del proceso de digitalización de las avenidas, callejones y aceras, esos seres que involuntariamente se mantienen suspendidos en la realidad alterna del principal buscador de occidente. Las fotos de los civiles que van pasando por alguna de las calles que él recorre, son impresas en papel o calcomanías de plástico de tamaño real, en baja resolución, y las regresa al lugar en donde fueron arrebatadas. Es una intervención que ha comenzado a ser replicada, principalmente en las zonas del planeta en donde se considera que la empresa de Mountain View está realizando una violación a los derechos de las personas.

 

En este proyecto, yo expongo los fantasmas del reino privado de Google, datos de los que se apropia indebidamente: los cuerpos de gente capturada por las cámaras de Street View, cuya fantasmagórica presencial virtual yo marco como arte callejero en el preciso espacio en el mundo real en el que fueron tomadas, explica Cirio en su manifiesto, fechado el pasado 15 de septiembre.

 

Esas imágenes, recuerda, no ofrecen detalles, pero los colores diluidos y las líneas en los posters dan un aspecto espectral a las figuras humanas, son desplegadas en las páginas de las computadoras como si su presencia fuera una sombra acechando el mundo real.

 

Cirio dice que este material está listo para hacer arte, simplemente se toma información amasada por Google, sin importar los derechos de autor y la fuente privada. Al igual que sucede con las fotos que toma la empresa, tomadas sin permiso de la gente que va pasando frente a los autos de la compañía cargados de tecnología para recopilar imágenes.

 

“En este caso, la pieza de arte se convierte en performance, recontextualizando no sólo datos, sino también un conflicto. Es un performance en el campo de batalla, jugando una guerra entre el interés público y privado por ganar el control de nuestra intimidad y hábitos, que pueden cambiar permanentemente dependiendo del vencedor. ¿Quién tiene más fuerza en esta guerra? ¿El artista, la empresa, los legisladores, el público preocupado o la tecnología?”.

 

Los fantasmas aparecen como bajas en la guerra por el control de la información en las ciudades, dice el artista, una grabación transitoria, un daño colateral en la batalla entre corporaciones, gobiernos, civiles y algoritmos.

 

Cirio se queja porque Google no nos pide permiso para grabarnos, para tomar nuestras imágenes y utilizarlas en su negocio. Vende publicidad y contenido privado a los anunciantes, haciendo miles de millones de dólares sin pagar derechos, una especie de explotación “de un parásito social gigante”.

 

Además de generar una marca de artistas urbanos que replican los fantasmas en las principales capitales del planeta, aparece en su página de internet (http://streetghosts.net/) el manifiesto y una foto de él después de sabotear una cámara de Google, de esos vehículos que, por cierto, difícilmente se pueden conocer porque la empresa dice que podrían robarle tecnología y son asuntos privados que prefiere no ventilar en periódicos ni revistas. Mientras, que nuestros fantasmas se vayan al infierno de los archivos digitales.

 

hiroshi.takahashi@24-horas.mx | @takaink

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