Jueves 27 de Noviembre, 2014

Revelan operaciones secretas contra narco en México

Durante el sexenio de Felipe Calderón la relación bilateral fue tan estrecha que incluso se autorizó el ingreso de drones estadunidenses a territorio nacional

En el sexenio de Felipe Calderón, México y Estados Unidos forjaron una alianza sin precedentes contra los cárteles de la droga, basada en el intercambio de información sensible, adiestramiento en bases extranjeras y planificación de operaciones conjuntas.

 

Utilizando la misma estrategia contra Al-Qaeda en Iraq y Afganistán, las autoridades estadunidenses utilizaron la inteligencia en tiempo real contra los capos en México y Estados Unidos, incluyendo geolocalización móvil, escuchas telefónicas y escuchas electrónicas.

 

De acuerdo con un reportaje publicado ayer por The Washington Post, aunque México no permite que agentes de Estados Unidos tomen parte en los operativos antinarcóticos, sí pueden estar involucrados en las operaciones de planificación e incluso puede dirigirlas a distancia.

 

Los dos países también construyeron una infraestructura física, con protocolos para compartir información de inteligencia. Tony Garza, ex embajador de EU, la llamó “la plomería”.

 

Para 2011, la instalación de cañerías se extendió a un centro dirigido por la CIA en la Ciudad de México, otro de la DEA en Monterrey, el búnker de la Policía Federal en la Ciudad de México y uno en el CISEN.

 

La mayor parte del trabajo de búsqueda de capos depende de la red de informantes de la DEA y agentes encubiertos en México. “Su información, por lo general, supera lo que las autoridades mexicanas traen a la mesa, sobre todo porque la policía local y estatal siguen plagados de corrupción”.

 

En este sentido, el reportaje escrito por Julie Tate, en Washington, y Gabriela Martínez, en la Ciudad de México, revela que la DEA proporcionó información que llevó a la muerte de líder de Arturo Beltrán Leyva, en diciembre de 2009, en Cuernavaca, Morelos. Esta muerte dio al ex presidente Felipe Calderón su primera victoria significativa en su guerra contra los cárteles de la droga.

 

En otra misión, en el verano de 2010 la DEA ubicó los teléfonos celulares del capo Edgar Valdez Villarreal, La Barbie. La agencia siguió sus viajes, permitiendo a las autoridades mexicanas que lo persiguen a través de cinco estados. Fue capturado en agosto de 2010 y actualmente se encuentra en prisión, a la espera de su extradición a Estados Unidos.

 

En julio de 2009, horas después de contrabandistas mexicanos dispararan y mataran a un agente de la Patrulla Fronteriza al intentar robarle sus gafas de visión nocturna, a las autoridades estadunidenses se les dio permiso para volar un avión no tripulado armado en el espacio aéreo mexicano.

 

Estos vuelos fueron aprobados por el Ejército mexicano. Tras 12 horas de vuelo, fueron capturados cuatro sospechosos. Tres se declararon culpables, uno está en espera de juicio y un quinto sigue prófugo.

 

Cooperación en peligro

 

Sin embargo, esta cooperación puede estar en peligro con la llegada al gobierno federal de Enrique Peña Nieto.

 

Según el rotativo, la nueva administración ha cambiado las prioridades de la estrategia para la captura de los capos, privilegiando la prevención, lo que provocó un nivel sin precedentes en la violencia entre los cárteles.

 

Funcionarios estadunidenses detectaron que la relación podría cambiar dos semanas después de Peña Nieto asumió el cargo, el 1 de diciembre de 2012. A petición del embajador de EU, el nuevo presidente envió a sus cinco altos funcionarios de seguridad para una reunión inusual en la Embajada estadunidense.

 

En la reunión estuvieron los titulares de la PGR, Gobernación, Marina, Ejército y Cisen, así como representantes de la DEA, la CIA, el FBI, la Oficina del Director de Inteligencia Nacional y otras agencias de EU.

 

“Los mexicanos se quedaron con cara de piedra, ya que supieron por primera vez cuán entrelazados estaban los dos países en la batalla contra los narcotraficantes, y cómo, en el proceso, a los Estados Unidos se le había autorizado su operación, casi completa, dentro de México.

 

La administración del ex presidente Felipe Calderón había concedido vuelos de aviones espía en el espacio aéreo mexicano, con el propósito de recolección de inteligencia. Aviones de Protección Fronteriza habían volado también desde bases en los Estados Unidos en apoyo de incursiones militares y de la Policía Federal mexicana contra capos de la droga.

 

Los Estados Unidos habían proporcionado tecnología, sensores de tierra, equipo, dispositivos de teléfono celular de reconocimiento de voz, herramientas de análisis de datos, equipos de piratería informática y cámaras de aire que podían leer las matrículas a kilómetro y medio de distancia.

 

Además, como parte de un programa secreto, la CIA estaba entrenando militares mexicanos para evitar la infiltración de narcotraficantes.

 

La nueva estrategia

 

La prevención del delito como estrategia del gobierno de México implicaría que agentes estadunidenses dejen de operar en centros de fusión de inteligencia en territorio mexicano.

 

Con lo anterior, agentes de la DEA y militares estadunidenses jubilados dejarían de colaborar en esos centros, en la Ciudad de México y Monterrey.

 

La notificación del cambio de planes fue hecha durante una visita de funcionarios mexicanos a Washington hace dos semanas.

 

El Post señaló que México planea crear, además, cinco centros de fusión de inteligencia regionales, con personal estatal y federal, además de construir una “súper fuerza policial” de 10 mil elementos, que será la Gendarmería.