En su última intervención en la plenaria, los senadores perredistas resumieron la lucha que viene después de la derrota en las leyes secundarias energéticas: la consulta popular y las elecciones legislativas en el 2015.

 

Pero los escenarios previsibles desde ahora no presentan buenas noticias para el PRD:

 

1.- En sus intervenciones esta semana, el senador perredista Mario Delgado dejó entrever la inviabilidad misma de la consulta: en la reforma al 27 constitucional quedó asentado que el petróleo es un ingreso del Estado y el numeral 2º de la fracción VIII del 35 constitucional establece que no serán consultados “los ingresos y gastos del Estado”.

 

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A ello se agrega también el mecanismo de la consulta: la boleta se debe votar el mismo día y en el mismo acto de la elección legislativa, por lo que la asistencia estará determinada por la participación electoral. Y en la encuesta de Reforma, una de las primeras pero con tendencias que algunas otras encuestadoras han comenzado a percibir, PRD y el Partido AMLO suman 21%. Y para ser vinculatoria, en caso de realizarse, necesitaría 40% de los inscritos en el padrón. Ahí también tendrá que ver que muchos ciudadanos no llenarán la boleta de la consulta.

 

2.- Las elecciones legislativas de 2015 encontrarán a una coalición neopopulista no sólo dividida sino enconada, violentamente fragmentada. Cuauhtémoc Cárdenas parece decidido a quitarle a Los Chuchos el control del partido, aunque a costa de una división inevitable. López Obrador creó su partido-movimiento para desfondar al PRD. Los liderazgos de la amplia coalición centro-neopopulismo-progresismo-izquierda-anarquismo carecen de cohesión política e ideológica, a menos que todos acepten a López Obrador como el caudillo o el prócer en turno.

 

El DF será el centro de la disputa PRD-Cárdenas-AMLO. Pero se tratará de una lucha por el poder, con un PRI que podría ganar posiciones y un PAN que también podría beneficiarse de la lucha perredista. El cardenismo social y democrático que arrasó en las elecciones de 1997 y llegó a más de tres millones de votos en las elecciones de Miguel Angel Mancera en el 2012 se ha diluido en protestas e ineficacias.

 

De ahí que el PRD pudiera estar adelantando vísperas de un estallamiento político que podría no ocurrir, sobre todo por un dato revelador: en el escenario del debate parlamentario por las leyes secundarias en energía, la tendencia de votos siguió siendo favorable al PRI y con una baja sensible para el PRD-AMLO. Es decir, que en las motivaciones electorales no pareció haber tenido influencia el discurso perredista de que el pueblo le cobraría la factura petrolera al PRI.

 

Y por cómo se presentan los escenarios, todo indica que el PRD carece de una estrategia política para enfrentar en las urnas la derrota petrolera. El tema va más allá de un Lázaro Cárdenas que parece ya no conmover a los mexicanos porque, entre otras cosas, Cuauhtémoc, el PRD y la coalición neopopulista nunca presentaron un proyecto cardenista de nación sino que sólo se concretaron a evitar la reforma petrolera.

 

El dato final fue la lección aprendida por los perredistas: el valor de la relación mayoría-minoría en el sistema de representación política y la validez de los mecanismos legales. Es decir, los debates legislativos sobre las reformas estructurales mostraron la institucionalización del PRD como partido político, ya sin tomas de tribuna ni cercos callejeros.

 

De ahí que más que la consulta que podría no funcionar, el desafío más importante del PRD será el de acumular votos y de aumentar su porcentaje de control de curules, pero sobre todo el PRD tendrá que entender que en sistemas competitivos la clave de las mayorías está en las alianzas. Y el escenario será restringido: la mayoría PRI-PAN o la mayoría PAN-PRD.