En 2000, la agenda bilateral entre México y EU estaba enfocada en cómo resolver las disputas comerciales entre ambos países y buscar una solución al tema migratorio. El tema del narcotráfico y el crimen organizado había quedado en un segundo plano después de ser un tema relevante y de mucha tensión en los primeros años de la administración del presidente Ernesto Zedillo. La Asamblea General de las Naciones Unidas sobre Drogas, en 1998, fue la primera vez que se analizó la problemática de las drogas como un mercado con oferta y demanda. Este nuevo enfoque creó un fuerte vínculo entre Zedillo y el presidente Bill Clinton. De manera inusual y fuera de protocolo Clinton, al terminar su intervención, permaneció en el salón y escuchó con atención el discurso de Zedillo donde mencionó por primera vez lo que al día de hoy sigue siendo el marco básico de diagnóstico en los círculos de analistas sobre el tema de drogas:

 

Ninguna nación por poderosa que sea, ninguna sociedad por desarrollada que esté y ninguna familia están exentas de la amenaza de las drogas.

 

Enfrentamos la amenaza de un enorme poder económico. Enfrentamos la amenaza de un poder de violencia y corrupción que no reconoce fronteras ni se detiene ante ningún código legal o moral.

 

Enfrentamos la amenaza de un poder criminal que ha multiplicado alarmantemente sus vínculos con otras formas de delincuencia organizada, como el lavado de dinero, el tráfico de armas, el terrorismo y los secuestros.

 

Para muchos países, el tráfico de drogas, además, amenaza su seguridad nacional y su vida democrática, su estabilidad social y la integridad de sus instituciones.

 

Las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico agrupan a individuos de muchas nacionalidades y se desplazan por muchos países.

 

Son organizaciones multinacionales capaces de producir y procesar su nociva mercancía en un sitio, transportarla a través de cualquier frontera y comercializarla en países distantes.

 

Y también son capaces de servirse del sistema financiero internacional para mover sus ganancias.

 

Se trata, en suma, de una amenaza mundial; de un fenómeno de criminalidad multinacional.

 

Siendo un problema global, exige una respuesta global.

 

En este sentido, es preciso intensificar más, mucho más, las tareas para reducir la demanda de drogas, asumiéndola como un problema de salud pública, de conducta social y de valores que han de enfrentarse con programas médicos, educativos, formativos y culturales.

 

Una inmensa proporción de la demanda se genera en países con la más alta capacidad económica. Sin embargo, los más altos costos humanos, sociales e institucionales de abastecer dicha demanda los estamos pagando los países donde se producen y por donde transitan las drogas.

 

A casi 15 años de esta reunión seguimos paralizados por el análisis y programas fallidos donde se han invertido más de 45 billones de dólares y el resultado es más consumo en jóvenes, 100 mil muertos y 25 mil desaparecidos. Hoy las estructuras financieras de los cárteles siguen intactas, la infraestructura para traficar productos ilegales se basa en aduanas, puertos, aeropuertos llenos de corrupción, y nuestras fronteras son las más porosas.

 

Las estrategias llevadas a cabo por la administración del Presidente Fox, se centró en desarticular la logística de apoyo a grupos islamistas de corte radical en el país y detectar posibles incursiones a México y Centroamérica. El presidente Felipe Calderón creó grandes expectativas al inicio de su mandato, pero la capacidad de ejecución de su gabinete, la corrupción y desconfianza generaron que el intercambio de información y cooperación fueran cancelados. El episodio de Tres Marías describe cómo termino el tono de la cooperación bilateral con los EU.

 

Hoy existe desconfianza en varias áreas de inteligencia y diplomacia de los EU, ya que Manuel Mondragón ha dejado gente clave de la administración pasada en áreas administrativas y de operación. Por otra parte, la Sedena y Marina avanzan en esquemas de cooperación y juntas de alto nivel. Sin embargo, es de suma importancia tener un frente común y una coordinación activa por parte de Relaciones Exteriores para que estos esfuerzos sean efectivos y todos los intercambios diplomáticos se lleven a cabo dentro de una estrategia de país y con un objetivo.

 

En mayo, el presidente Enrique Peña Nieto tiene la oportunidad de retomar el tono de la relación que tuvieron Zedillo y Clinton, donde la cooperación, diálogo e ideas creativas fueron la clave para resolver episodios de mutua desconfianza. Zedillo y Clinton nunca perdieron de vista que el enemigo eran las organizaciones criminales multinacionales y no ellos.