En una cultura tan insegura al referirse a cuestiones raciales que sustituía negro por afroamericano, fue posible que un político se transformara en gobernador del muy relevante estado de Florida, tras palabras más que escandalosas: el republicano Ron DeSantis hizo un llamado a sus seguidores a votarle, con la frase “The last think we need to do is to monkey this up”, traducible algo así como “lo último que necesitamos es convertir esto en chango” o “arruinarnos como changos”.

Terrible, si se considera que su rival era negro. Absurdamente permisible si se asimila que DeSantis continuó intacto su carrera y es ya el gobernador electo de Florida.

El mismo DeSantis que en sus anuncios aparecía siguiendo las doctrinas de Trump como si se tratara de una religión. Construyendo una pared de juguetes con su pequeña hija, mientras clamaba “construyan el muro”. Leyendo a su bebé un libro de Trump, para luego mostrarlo en la cuna con el eslogan “Make America Great Again”.

Aliado de tal forma al mensaje del actual presidente, DeSantis llevó a otro nivel el tema de los jugadores de futbol americano arrodillados durante el himno estadounidense: “esos persigue-balones sobrepagados que se hincan como si pertenecieran a Isis”. Relacionar a deportistas no sólo con terroristas, sino con esos que han sido vistos en las imágenes más siniestras, decapitando y viralizando el odio anti-Occidente.

El debate alrededor del activismo en la NFL continuará sirviendo como vector de la sociedad estadounidense: ante la renuencia a admitir que existe un problema de racismo, de igualdad de oportunidades, de prejuicios, de brutalidad policial focalizada en la población afroamericana, Trump logró voltear la discusión y maquillarla de patriotismo, en honor a las fuerzas armadas, en respeto al país como concepto. Sobra decirlo, buena parte de quienes acuden al estadio o ven el deporte desde casa, apoyan esa agria aversión a las protestas en la ceremonia del himno.

Cuando en 2016 Colin Kaepernick inició su activismo (“sí, seguiré sin ponerme en pie y seguiré levantándome por la gente que es oprimida, para mí es algo que tiene que cambiar”), el entonces presidente Barack Obama se manifestó por la libertad de expresión (“Parte de lo que hace especial a este país especial es que respetamos el derecho de la gente a tener una opinión diferente y decidir cómo quieren expresar sus preocupaciones”). Punto de encuentro desaparecido desde la mismísima campaña de Trump.

Si ya fue extremo lo que dijo Trump sobre quienes se hincaban en el emparrillado (hasta les llamo “hijos de perra”), no fue nada a comparación de lo que ha expresado el gobernador electo de Florida. Y con ese discurso ha ganado. O, más bien, por ese discurso ha ganado.

Twitter/albertolati

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