Mauricio Juárez

 

Ocupado en evitar la “politiquería” en el caso de asesinatos de periodistas, el presidente Andrés Manuel López Obrador olvida la obligación del Estado de investigar estos y los 111 mil 329 homicidios dolosos en lo que va de su sexenio. Prefiere culpar al pasado de lo que sucede en su Gobierno.

Ensimismado en despreciar a los movimientos feministas que exigen un alto a los feminicidios, el mandatario mexicano olvida que todos los días asesinan a 11 mujeres en el país que gobierna. Prefiere verlas como parte de sus adversarios conservadores.

Aferrado a encumbrar a personajes impresentables como Pedro Salmerón –antes lo hizo con Félix Salgado Macedonio–, olvida los derechos de las mujeres que han sido objeto de agresiones sexuales y prefiere ignorarlas para no ver afectada su imagen.

Dice que no hay denuncias ante las autoridades contra Salmerón; en el caso de Salgado Macedonio sí las había y la Fiscalía de Guerrero las desestimó porque así lo quiso el poder presidencial. Así que, si las hubiera, tampoco pasaría nada, sostendría, como lo hace, la designación del historiador.

Cada que hay una denuncia pública, el Presidente se victimiza y sostiene que son campañas orquestadas por sus adversarios para desprestigiar a su Gobierno. ¿Por qué no se pone del lado de los muertos, de sus familias, y de las víctimas de abuso sexual? El mandatario utiliza la politiquería para defender lo indefendible.

Desde el púlpito presidencial, López Obrador acusa de corruptos y ladrones a los gobiernos del pasado sin que haya denuncia de por medio, solo sus dichos, pero en el caso de Salmerón, pretexta que las mujeres agredidas no acudieron al ministerio público, como si su palabra no valiera.

El asesinato de tres periodistas en el primer mes del año –dos en Tijuana, Baja California, y otro en Veracruz—hizo que periodistas de todo el país levantaran la voz para exigir justicia. El riesgo de ejercer esta profesión en México es alto y las autoridades federales y estatales voltean a otro lado.

Veintiocho periodistas muertos en lo que va del mandato de López Obrador y 95% están en la impunidad, de acuerdo con el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas. Es el sexenio de la palabrería para no hacer nada.

Ejemplo claro del valemadrismo de lo que sucede está Baja California. Una sonriente gobernadora, Marina del Pilar Ávila, recorre con su hijo en brazos la oficina de Gobierno y le “muestra” fotos “del mejor Presidente que ha tenido nuestro país”.

En más de tres años, el tabasqueño sigue culpando al pasado de los problemas del país. Lo mismo hacen los gobernadores emanados de su partido que tienen un tiradero en sus estados. Para estos, gobernar es lambisconear.

Ya basta de la indiferencia ante los feminicidios y abusos sexuales contra mujeres; ya basta de asesinar periodistas por decir la verdad; ya basta del baño de sangre que hay en el país; ya basta de no asumir la responsabilidad de gobernar, porque en el horizonte solo tienen la próxima elección.

 

¡Ya basta!

 

@maurijua