Ya platicamos el otro día sobre algunos hermanos que no se llevaban muy bien que digamos (https://www.24-horas.mx/2023/09/05/peleas-de-hermanos/), pero hoy, con ocasión del Día Mundial de los Nacimientos Múltiples, hablemos de gemelos mitológicos cuyas historias esta vez son mucho más fraternales, o bueno, casi todas.

Empecemos por una de la mitología griega: la historia de Castor y Pólux. Leda era una hermosa mujer que estaba casada con el rey de Esparta Tíndano. Desafortunadamente para el matrimonio, a Zeus también le gustaba Leda; el Dios se convirtió en cisne y cortejó a la mujer. Los cisnes, al parecer, son irresistibles, pues Leda quedó embarazada al poco tiempo. Lo extraño aquí es que su embarazo fue doble, es decir, había concebido tanto por parte de Zeus como por parte de su esposo Tíndano. Pero aún viene lo más raro.

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Tras el parto, Leda dio a luz dos huevos: en el primero venía Helena y Cástor, y en el segundo, Clitemnestra y Pólux. De ellos, sólo Helena y Pólux eran hijos de Zeus, mientras que Cástor y Clitemnestra, de Tíndano. Aun así, se cuenta que Pólux y Cástor, por alguna extraña razón, eran gemelos.

Estos dos se volvieron grandes compañeros de vida, tanto así que se les ocurrió raptar juntos a las hijas de Leucipo para casarse con ellas. Ambas mujeres estaban comprometidas con los hermanos Idas y Cineo, pero esto no les importó a los gemelos y se las llevaron. Como era de esperarse, Castor y Pólux pronto tuvieron que enfrentarse a los prometidos desdichados y de ese conflicto sólo brotó sangre y desgracia. Idas mató a Cástor, mientras que Pólux, en venganza por la muerte de su hermano, dio muerte a Cineo.

Como Pólux se quedó solo y estaba triste por su hermano, le rogó a su padre Zeus que lo reviviera. El dios del rayo aceptó, aunque a su manera. Los hermanos podrían vivir eternamente, pero tendrían que compartir su inmortalidad. Así pues, cada día se turnaban su estadía en la tierra, pues mientras uno estaba vivo, el otro debía permanecer en el Inframundo. Es la constelación de Géminis.

Otra historia de gemelos en la mitología griega es la de Apolo y Artemisa. ¿Adivinen quién fue su papá? Sí, Zeus. Sólo que, en esta ocasión, embarazó a la titánide Leto. Hera, tras enterarse de la noticia, le prohibió a los habitantes de Grecia darle asilo a la titánide, pues así no tendría dónde parir a los hijos de su esposo. Sin embargo, una de las hermanas de Leto era una isla y, por fortuna, estaba deshabitada.

Leto se instaló en aquel lugar esperando la visita de Ilitía, la diosa de los partos, pero de nuevo Hera se entremetió y le prohibió a Ilitía asistir a Leto. Los demás dioses terminaron convenciendo a Ilitía de ayudar a Leto, por lo que finalmente dio a luz a Artemisa y luego a Apolo.

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Hera siguió con su persecución, por lo que la titánide huyó hasta Licia para proteger a sus hijos. Allí mismo, Leto intentó beber de un estanque para saciar su sed, pero unos campesinos no la dejaron y revolvieron el barro del estanque para que no pudiera tomar de él. Leto, enfurecida, los convirtió en ranas y los condenó a vivir eternamente en aquellas aguas turbias.

La última historia ya no es de la mitología griega, pero es imprescindible si hablamos sobre gemelos mitológicos: Rómulo y Remo.

Numitor, el rey de Alba Longa, fue destronado ni más ni menos que por su hermano menor Amulio. Para evitarse conflictos, Amulio asesinó a todos los hijos varones de Numitor, y a Rea Silvia, la única hija del rey, la obligó volver sacerdotisa de la diosa Vesta. Las vestales, como se llamaban a estas sacerdotisas, debían permanecer vírgenes.

Rea Silvia incumplió su obligado voto de castidad y se embarazó del dios Marte. De ahí nacieron Rómulo y Remo. Como castigo, la joven debía ser sepultada viva, pero Amulio no quiso tener problemas con Marte y prefirió encerrarla. A su vez, encomendó a uno de sus sirvientes para que matara a los niños. Éste, al final, se apiadó de ellos, los metió en una canasta y la arrojó al río Tíber.

La canasta terminó en las orillas del río, donde fue recogida por una loba que se encargó de amamantar a los hermanos. Rómulo y Remo crecieron y se volvieron pastores, pero un día tuvieron problemas con otros pastores del rey Amulio y capturaron a Remo. Rómulo fue hasta el palacio del rey para rescatar a su hermano y de paso ambos mataron a Amulio.

Numitor recuperó su trono y los hermanos partieron a formar su propia ciudad.

Buscando el sitio donde se erigirían sus dominios, los hermanos no pudieron ponerse de acuerdo y, como las discusiones no cesaban, Rómulo empezó a construir los muros de la ciudad en el lugar que él quería. Remo se burló de sus muros y comenzó a saltar sobre ellos a modo de broma. Esto causó la furia de Rómulo y terminó matando a su hermano.

Ya no hubo más disputas. Rómulo fundó la ciudad donde él quiso y, en alusión a su nombre, la llamó “Roma”.

Sapere aude!

 

 

 

 

 

KA

Profesor de la Facultad de Filosofía en la Universidad Panamericana