Le llaman Lord Mentiras, El Señor de las Croquetas o El Mil Estafas, todos son acertados, pero, en realidad, Napillo es conocido por los mineros como El Señor de las Huelgas, el mote apenas y le hace justicia, y es que él y su empresa familiar -es decir, el sindicato minero- tienen contabilizadas, mínimo, 358 huelgas estalladas; para darnos una idea, en 2020, se registraron 15 huelgas en todo el país, cifra mínima si la comparamos con los números de Napoleón Gómez Urrutia.

Ha estallado cuántas huelgas le han venido en gana, el pretexto siempre es el mismo: los trabajadores; pero es mentira, utiliza a los compañeros para hacer cumplir su voluntad. Organiza huelgas pero siempre a distancia, no se le ve en los plantones, mucho menos acude a dar ánimo a los mineros o a compartir alimentos con ellos, si bien les manda a un vocero, siempre vía terceros.

Nunca se paró en las huelgas de Cananea en Sonora; Sombrerete, Zacatecas, o en la de Taxco en Guerrero. Desde Canadá las hizo estallar al mismo tiempo el 30 de julio de 2007.

La única verdad es que esas huelgas las inició como arma contra el Gobierno para que no lo encarcelaran por el robo de los 55 millones de dólares del Fideicomiso Cananea. Dejó a los compañeros sin empleo, sin comida, sin un peso ni para lo mínimo, los sumergió en una pobreza nunca antes vista, mientras que él y toda su familia se daban la gran vida en el extranjero. Ese es el gran líder minero de la 4T.

Las huelgas duraron años, tan solo en Cananea, por culpa de Napillo los compañeros dejaron de recibir en promedio medio millón de pesos de reparto de utilidades, perdieron un contrato colectivo que les permitía, incluso, asistencia médica en el extranjero. La prensa reportaba en aquella época que de los mil 200 mineros de Cananea, 90% estaba endeudado, 30% de las familias desintegrado, el 35% de los compañeros se divorciaron y 45% de sus hijos truncaron sus estudios.

Napillo no ha perdido nada, sigue viviendo en mansiones de millones de dólares, sigue saqueando las arcas del sindicato, él y toda su familia gozan de seguros médicos, sus hijos con estudios en el extranjero y sigue sentado en una curul que lo protege de todo su pasado.

A los mineros, Napillo les arrebató todo. Mientras él vivía de los recursos del sindicato y pagaba un departamento de millones de dólares, los huelguistas, por órdenes de él, apenas recibían el mínimo apoyo económico del sindicato. Gómez Urrutia no tuvo remordimiento alguno, le convenía parar a la industria y no había más, la orden fue tajante, se estallan las huelgas, así lo determinó el que ni era minero, ni sindicalista y que solo llegó a la Secretaria General del sindicato por ser el hijo del exdirigente.

Ningún beneficio obtuvieron los mineros de esas huelgas, incluso hoy, a más de 15 años, siguen esperando que se cumpla la promesa de Napillo, pero ni empleo, ni bonos y mucho menos indemnizaciones millonarias.

La 4T lo defiende e irónicamente lo hace pasar como un gran dirigente obrero; Napillo ha respondido al apoyo de esta administración como acostumbra, traicionando, Gómez Urrutia no ha dejado de hostigar y presionar a los gobiernos, su récord sigue creciendo, es uno de los sindicatos que más ha golpeado con huelgas y conflictos a la administración del presidente López Obrador.

 

    @CarlosPavonC