Sissi
Foto: AFP / El Palacio en Venecia de la emperatriz de Austria, conocida simplemente como Sissi, volverá a abrir sus puertas al público este jueves después de décadas de abandono  

El Palacio en Venecia de la emperatriz de Austria, conocida simplemente como Sissi, famosa por sus caprichos y vida melancólica, volverá a abrir sus puertas al público este jueves después de décadas de abandono.

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Tanto en los amplios salones hasta en el diminuto tocador de Isabel de Austria, el visitante se sumerge en la vida de la emperatriz, que fue reina también de Hungría, Bohemia y LombardíaVenecia.

Sissi, entronizada por el cine en la década de 1950, tuvo en realidad una vida triste, era depresiva, con anorexia y pese a su belleza, vivió en la melancolía hasta su trágica muerte en 1898, a los 60 años, mientras paseaba por el lago Leman de Ginebra y un anarquista italiano, Luigi Lucheni, fingió tropezarse con ella y le clavó un estilete en el corazón.

Particularmente conmovedor resulta su tocador, con sus flores favoritas, que eran lirios del valle y acianos, (…) fabricado completamente para ella”, contó Jérôme Zieseniss, presidente del Comité francés para la salvaguardia de Venecia, la organización que financió la obra gracias a generosas donaciones.

“Ella fue la noble que más tiempo vivió en este palacio (…) Recibía pocos invitados, le solían enviar fotos de mujeres jóvenes de toda Europa que querían compararse con ella y ver si eran tan hermosas”, aseguró.

PRETEXTO PARA CONOCER LA HISTORIA

Andrea Bellieni, director del Museo Correr y administrador del palacio, ilustró la difícil personalidad de Sissi, “compleja e introvertida, que no le gustaba la vida pública y aparentemente le gustaba salir por la noche en góndola”, fiel a la leyenda de que nunca encontró su sitio en la rígida corte de Viena.

Ubicado entre la Plaza de San Marcos y la desembocadura del Gran Canal, en el corazón de la Serenissima, el palacio tiene 27 habitaciones que requirieron 22 años de labores y siete millones de euros (casi lo mismo en dólares) para su restauración.

“Tuvimos que sacar a cinco oficinas que se encontraban en sus habitaciones (…) No fue sencillo”, confiesa Jérôme Zieseniss.

Aunque la emperatriz de Austria fue uno de los huéspedes más ilustres, el palacio fue construido para el emperador francés Napoleón I, quien se convirtió en rey de Italia en 1805, pero no residió allí.

Sin embargo, en el palacio hay una estatua que lo representa como un emperador romano.

“Luego pasó a ser de los austriacos durante 50 años, después llegaron los Saboya (la dinastía que reinó en Italia de 1861 a 1946), los verdaderos reyes de Italia”, observa con malicia Zieseniss.

Accesorios, sillones, cortinas, camas con dosel, han sido renovados.

“Conociendo el espíritu errante de la princesa, está por ver si hubiera querido cambiar de residencia”, cuenta Zieseniss, quien escribió un libro con anécdotas e historias de las familias que lo han ocupado.

La entrada a través del Museo Correr, un complejo museístico apodado por algunos como “el Louvre de Venecia”, facilita además recorrer la particular historia de la ciudad-Estado, dotada de un gran poderío marítimo.

 

LEG