En este mundo que nos tocó vivir durante los últimos años era muy difícil que se lograran las metas de cualquier Gobierno y peor aún si no tenían ni pies ni cabeza como los de la autollamada Cuarta Transformación.

Entre el 2020 y el 2022 hemos visto a Donald Trump, una pandemia, una fuerte recesión, una burbuja inflacionaria, una invasión en Europa y un empeoramiento de la burbuja inflacionaria.

Y de aquí al 2024 veremos los coletazos de la pandemia, la continuación de una guerra en Europa, más inflación, seguramente una nueva recesión y posiblemente otra vez a Trump.

La pregunta que se vale es, si este es el contexto mundial que le ha tocado vivir al Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, ¿qué necesidad hay de complicarlo todavía más?

El primer problema fue plantear metas inalcanzables sin un plan de Gobierno sensato, como aquello de crecer 6% al año. Eso era imposible en cualquier escenario.

Destruyendo la confianza empresarial, con un excesivo gasto en programas asistencialistas que no redituaban en desarrollo social y con un paquete de obras de infraestructura diseñadas para el relumbrón y no para darle bases a la inversión, era una combinación que garantizaba el fracaso del modelo de la 4T.

La muestra llegó desde el primer año de Gobierno. Mientras el mundo crecía a tasas aceleradas, en la feliz ignorancia del 2019 de que vendría una pandemia, México tuvo su primer año de recesión. Que además este Gobierno acompañó del despilfarro de los recursos que por sexenios se guardaron para los tiempos de las vacas flacas.

Los números reales de la afectación humana por la pandemia de SARS-CoV-2 marcan un fracaso rotundo de este Gobierno para enfrentar la enfermedad de la mejor manera, pero eso tendrá que ser ponderado por la historia porque hoy no hay manera de pedir cuentas a los responsables.

Pero en la parte económica, vemos dos momentos. Primero, el del abandono a su suerte de los más vulnerables. La falta de un respaldo gubernamental a los trabajadores de menores ingresos, formales e informales ni a las empresas más pequeñas implicó la peor baja del Producto Interno Bruto mexicano en casi 100 años.

La inflación mundial, provocada por los cuellos de botella en las cadenas productivas, por el alza en los energéticos y alimentos y por la enorme liquidez provocada por Estados Unidos, pescó a México en recesión. Y esta combinación de inflación sin crecimiento es algo que vamos a escuchar más seguido.

Todo esto en un ambiente de desconfianza empresarial que mantiene la animadversión a invertir por el contexto mundial, pero también por los obstáculos impuestos por el Gobierno local.

El otro momento económico viene hacia delante, cuando se acumulen las presiones financieras derivadas de una economía que no crece, no aumenta su recaudación, pero que sí gasta en esos programas electorales que dilapidan muchos recursos.

Así, el camino que marca en la economía este Gobierno es uno sin crecimiento, con alta inflación, con desequilibrios financieros futuros y con un ambiente de confrontación social azuzado desde la misma tribuna donde se debería pedir unidad y otorgar confianza para invertir.



   @campossuarez