No me extraña que sigamos escribiendo ríos de tinta sobre la nación ucraniana. Pero en todo caso, conforme pasan los días, las semanas, empezamos a ver esa invasión como algo normal, como si lo viviéramos en carne propia cuando sólo son ellos, los ucranianos, quienes están viviendo un calvario.

Son ellos los que están sobrellevando esa penitencia que les ha costado vivir. Son muchas vidas. Miles de ellas. Personas anónimas que no eligieron morir. Además, hay cuatro millones de desplazados que hace tres meses no podían ni imaginarse que tendrían que abandonar sus casas, sus ciudades, para vivir en la frontera a temperaturas inmisericordes.

Además, hay una circunstancia que no se conocía hasta ahora. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial y especialmente desde la Guerra Fría, jamás habíamos estado tan cerca del abismo. Desde el inicio de la invasión, Vladimiro Putin ha puesto sobre la mesa la posibilidad nada desdeñable de una guerra a gran escala con armamento nuclear. De las cerca de seis mil ojivas nucleares de las que dispone, setecientas noventa podría utilizarlas en cualquier momento. No hace falta contar las otras miles de que disponen Estados Unidos, Pakistán, Israel, Francia, Gran Bretaña, la India, etcétera… para reventar el planeta. Sólo con las casi ochocientas que puede utilizar Vladimiro Putin en cualquier momento puede reventar el planeta varias veces.

No se trata de saber quién tiene más cabezas nucleares, de lo que se trata es de llegar a un consenso, una negociación para ver cómo se puede parar esta locura. Está claro que en una negociación todos pierden, que una negociación se realiza para que, perdiendo todos, pueda ganar la humanidad. Porque en esencia, Vladimiro Putin estaba cargado de razón. No podía aceptar que a las puertas de su casa hubiera instalado armamento muy peligroso que estuviera apuntando hacia el Kremlin. Pero eso no justifica esa invasión y los delitos de lesa humanidad por los que debería responder.

Aunque la guerra pueda estar ganándola Rusia. Existe otra, la mediática, en la que Zelenski está dominando por goleada. El hecho de visitar la primera línea, de acompañar a sus soldados y a la población civil, de caminar por las calles mientras están siendo bombardeadas, demuestra el gran conocimiento que tiene Zelenski para comunicar a la humanidad. Mientras tanto, a Vladimiro Putin sólo se le ve en eventos importantes que exaltan a la “patria rusa”.

El final de esta invasión no está escrito, pero no podemos minimizar el poder de Putin. Al contrario, tiene muy claro que si quiere puede llegar hasta las últimas consecuencias.

 

   @pelaez_alberto