Quizá los periodistas deportivos hemos pasado de confundir nuestro curioso derecho a opinar sobre lo que debió hacer un futbolista en la cancha (si tirar, si pasar, si driblar, si abajo, si arriba, para el portero si salir o aguantar), a juzgar lo que el jugador debió decidir sobre su vida.

Craso error, eso no es de nuestra competencia, o no al menos con semejante autoridad descalificatoria. Quizá algún italiano esté decepcionado hoy porque Lorenzo Insigne se va al Toronto, quizá algún brasileño se frustró en su momento porque Pelé regresara del retiro para jugar con Cosmos y no en Brasil, quizá no faltaron alemanes u holandeses molestos porque Franz Beckenbauer y Johan Cruyff emigraron a los 32 años al futbol estadounidense, quizá los ingleses observaron con incomprensión que David Beckham se marchara estando a plenitud al Galaxy… Aunque supongo que no llegaron a ofenderlos o atacarlos, a tildarlos de mediocres, conformistas y demás adjetivos.

Varios mexicanos han hecho lo mismo. Claro, sin ganar lo que la mayoría de los antes mencionados ganaron o conquistaron, mas no cambia demasiado la ecuación. Es asumir que porque vemos a uno de los nuestros aún facultado para competir al máximo nivel, sea reprobable que renuncie a hacerlo o prefiera hacerlo en menor vitrina y con más baja exigencia.

Carlos Vela, Gio Dos Santos, Javier Hernández, a otra escala Rodolfo Pizarro o Alan Pulido, todos fueron juzgados al decidir priorizar no sólo lo económico, también una legítima aspiración de calidad de vida, por encima de lo profesional. Muy su asunto.

Con Herrera se dio la añadida circunstancia de que firmó su contrato millonario con el Houston cuando apenas jugaba unos minutos en el Atlético de Madrid, y desde entonces es titular indiscutible con los colchoneros. Eso nos lleva a lamentar que, acaso si se hubiera esperado, alguna gran oferta europea hubiera llegado.

Debemos comprender que no todos son Andrés Guardado para mantener el hambre de continuar en Europa después de quince años. Héctor Moreno tomó el camino qatarí y luego retornó a México. Francisco Guillermo Ochoa regresó a su cuna americanista. Leyendas máximas de nuestro futbol como Hugo Sánchez o Rafa Márquez volvieron a jugar en nuestras canchas una vez que habían acumulado innumerables trofeos europeos.

Ese último punto parece el relevante: si ya ganó tal, si le quedó pendiente tal. Sin embargo, no me parece que cambie la ecuación. Para muchos periodistas el sueño será cubrir un tipo de notas o compartir contenidos en cierto medio, para otras la prioridad puede ser diferente. Y lo mismo con cualquier profesional.

Héctor Herrera ha sido coherente porque ha seguido lo que en este instante ha querido. Extrañará, sin duda, las noches de Champions, los cánticos de los grandes colosos europeos. No obstante, es su decisión. Ya lo vivió por una década, ahora le toca gozar de otra etapa.

Esto no equivale al juicio técnico de si debió tirar a la derecha o driblar al portero. Esto es personal. Y, bajo ese parámetro, el debate no va a más.

 

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Alberto Lati

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