Ahora sí. Tras mucho tiempo de espera, llega la premiación de los Oscar. Tal vez no todo mundo los vea de principio a fin, más sí funciona como un testamento para que lxs cinéfilxs estallen de alegría… o hagan corajes.

Nada nos garantiza que el Oscar premie lo mejor del cine, sobre todo cuando la opinión en cuanto a productos artísticos es tan subjetiva. Sin embargo, este tipo de concursos existen para visibilizar o poner sobre la mesa cómo el arte ayuda a reflejar, de la forma más completa posible, la experiencia humana. Visto desde ese ángulo, debemos tomar en cuenta que no siempre la “mejor película” ganará, si no la del mensaje más poderoso.

Ya sé, otro concepto subjetivo: ¿Lo mejor para quién? ¿El mensaje para qué?

Si lo viéramos sólo desde ese flanco, los Oscares ya van de gane, porque entre sus nominadas a Mejor Película están cintas con mensajes universales y particulares.

En una esquina, están las de mensajes ecológicos y políticos fuertes. La controvertida Don’t Look Up, una historia sobre un meteorito, es una sátira que igualmente funciona como una alegoría al calentamiento global, la pandemia o a “tapar el sol con un dedo”. Belfast, a pesar de su foco optimista, nos cuenta irónicamente cómo no se puede tapar el sol con un dedo, y que la infancia es un escudo de los horrores de la guerra hasta cierto punto. West Side Story nos habla de las secuelas del odio racial y clasista, asimismo de cómo la pasión puede ser lo mejor, o lo peor de la vida. También, pese a un disfraz moderno, Dune nos relata los efectos colaterales de la explotación de recursos, además de los pormenores del poder.

En otra esquina, están los clásicos relatos personales acerca de los sueños grandes. CODA es sobre una niña cuyo entorno es el más incomprendido para ser cantante: su familia es sorda. Rey Richard dialoga acerca del esfuerzo de una familia, de los inicios de dos mujeres afroamericanas iconos mundiales del tenis. Licorice Pizza nos habla del poder de la ambición, la identidad y la conexión entre dos personas para lograr nuestros objetivos.

Lo curioso se encuentra en la tercera esquina de las nominadas, historias íntimas parloteando sobre la oscuridad del ser humano en sus distintas facetas. El Callejón de las Almas Perdidas es un claro ejemplo de los alcances a los que puede llegar la sed de poder y reconocimiento. El Poder del Perro es el duelo encarnado como un mecanismo de represión y venganza, mientras Drive My Car como una forma de conexión ante la pérdida y la catarsis a través del arte.

Muerte, mensajes políticos e historias de superación, combinadas, forman una paleta diversa de oferta cinematográfica de calidad. Oscuridad, luz y claroscuros. Con su competencia principal, los Oscares habrán logrado su objetivo: exponer al público ante propuestas cinematográficas detonantes de sueños, mas también capaz de cuestionar y quebrarlos.

 

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