Por Alberto Lati

Cuando en mayo de 2013 el Mánchester United fue dirigido por última vez por Sir Alex Ferguson, era de esperarse que abriera una compleja etapa de reconstrucción.

David Moyes, sucesor en ese banquillo tras los 27 años de Fergie (recuerdo en las gradas la pancarta con su rostro: The Chosen One, el elegido), evidenció de inmediato que el proyecto lo rebasaba. Recibió las llaves para conducir a un equipo campeón de Premier League y en abril fue destituido incapaz siquiera de meterlo a puestos europeos (ya no decir Champions).

Desde entonces, el United no fue recatado en el gasto. Por sólo mencionar a algunos, llegaron figuras del tamaño de Juan Mata, Marouane Fellaini, Ander Herrera, Bastian Schweinsteiger, Zlatan Ibrahimovic, Paul Pogba, Romelu Lukaku, Alexis Sánchez, Bruno Fernandes, Harry Maguire, ahora Cristiano Ronaldo, y como directores técnicos probaría con un Louis van Gaal revalorado por las semifinales en el Mundial 2014 o con el siempre explosivo José Mourinho. El resultado fue el mismo, al igual que cuando se probó con personajes de menor perfil como Ole Gunnar Solskjaer: como mucho, subcampeones de liga y ni siquiera en semifinales de Champions. Como pírrico consuelo en estos nueve años, tres trofeos menores: una FA Cup (2016), una Copa de la Liga (2017) y una Europa League (2017), esta última impensable jugarla en los tiempos de Sir Alex.

Eliminados este martes de la Champions en octavos de final, se reafirma que la cuesta arriba post Ferguson no termina y ya duró demasiado. El United, otrora símbolo máximo de regularidad y solidez de un proyecto, no se encuentra. El vacío es terrible en Old Trafford. Las vitrinas más habituadas del continente a recibir nuevos trofeos, se habitúan a este marasmo.

Es cierto, hoy la Liga Premier tiene como principales contendientes a Manchester City y Liverpool, dos clubes que en tiempos de Sir Alex iban al alza, mas no estaban consolidados (sólo una liga alcanzó a arrebatarle el City en 2012). Sin embargo, la historia no es muy distinta de una década a otra. Antes estuvieron primero Arsenal y luego Chelsea como obstáculos, mismos que doblegó el United, hoy abría de hacerlo con citizens y reds. La realidad inobjetable es que el United no logra volver a ser dominante. Algo exponenciado al pasar al plano europeo, donde ya es común verlo caer en fase de grupos o, como ahora, en octavos de final.

Quedando claro que la crisis no se debe a falta de recursos (se calculan casi 2 mil millones de dólares de gasto en la última década), la respuesta está en el proyecto. Con Sir Alex Ferguson lo había, desde entonces no lo hay.

Demasiado fuerte si se considera la pesada loza de los años: nueve años ya de una reconstrucción que no es tal.

 

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Alberto Lati

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