@guerrerochipres

 

La decisión popular chilena nos demuestra el tempo latinoamericano: donde había dictadura, izquierdas más bien a medias tintas, inclinaciones autoritarias de ambos campos ideológicos, surge un resultado claro a favor del nuevo presidente electo de Chile, Gabriel Boric, de 35 años.

Del país andino, dos generaciones recuerdan las dificultades de conducción del Gobierno de Salvador Allende, así como la gigantesca polarización y el debilitamiento interno del liderazgo del equipo de Gobierno, lo cual, con el apoyo de la CIA, precondicionó el golpe de Estado fatal a la vida del presidente tan elocuente como inhábil en la confrontación de la realpolitik de la Guerra Fría destruyendo la democracia convencionalmente electoral chilena.

La población de Chile mantuvo en curso el proceso de reivindicación de sus derechos y antes de la pandemia esa nación atraía la atención internacional por las constantes manifestaciones en sus calles con la respuesta violenta de la policía, proceso que, asimilado por una mayoría de ciudadanos, en una segunda vuelta electoral, decidió dar el triunfo a una coalición de izquierda.

Boric fue dirigente estudiantil hace 10 años, es flexiblemente inteligente, no respalda autoritarismos en otras naciones latinoamericanas y es fácilmente provocador de simpatía de una generación que en México, como Claudia Sheinbaum —científica y lideresa estudiantil comprometida con causas sociales— entre otros, advierte la convergencia de liderazgos populares, estudiantiles, comprometidos con la agenda contra la desigualdad, y que tiene la probabilidad histórica de ascender en favor de la pluralidad y diversidad ciudadana contemporáneas.

La población chilena se colocó en los polos de la oferta partidista. Tomaron la decisión quienes quedaron en el centro: entre un modelo de derecha, cuyo candidato hizo campaña por el dictador Augusto Pinochet en 1988, o el ganador de una coalición de la izquierda, como Boric, descendiente de croatas y catalanes. Será el más joven en jurar el cargo, más aún entre los mandatarios de la izquierda en el continente.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, al conocer la noticia, indicó que el triunfo no es de un partido ni de una corriente, sino de la democracia, en la que debe gobernarse igualmente para todas y todos con especial énfasis en los más vulnerables.

El candidato ganador chileno ha puesto en el centro temas afines a la democracia mexicana y a otras muchas del mundo que se encuentren en consolidación: derechos humanos, terminación de la herencia patriarcal, combate a la discriminación, cambio climático, búsqueda de acuerdos amplios para reparar el daño por la polarización, gobernar con los ciudadanos. Democracia sin la gente, ha dicho Boric, no es democracia.

Está claro el desafío que enfrentará el nuevo mandatario chileno a partir del próximo 11 de marzo, al suceder a Sebastián Piñera. Tendrá que hacer equilibrios entre la transformación demandada por sus votantes y una élite conservadora con incertidumbre del futuro. Como ocurrió, menos que entonces, cuando fueron derrotados por Allende.