Francisco Diez Marina Palacios

El salario mínimo ha sido uno de los temas más debatidos en México en los últimos años. En 1976 alcanzó su nivel más alto, esto es, 326.80 pesos diarios a precios de julio de 2018. Por el contrario, el punto más bajo fue en 1999, cuando su valor equivalía a 75.18 pesos.

A tres años de la presente administración, se han concretado dos avances en materia de salario mínimo. Primeramente, éste se homologó en todo el país, exceptuando a la frontera norte. En segundo lugar, registró un incremento de 60%: de 88.36 pesos en 2018 (casi $2 mil 700 pesos al mes) a 141.70 pesos a la fecha (poco más de $4 mil 300 mensuales).

En lo que respecta a la frontera norte, el salario mínimo subió 20% entre 2019 y 2021 al pasar de 176.72 a 213.39 pesos, según la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami).

El objetivo del Gobierno mexicano es que el salario mínimo llegue, cuando menos, a 167.56 pesos diarios —poco más de 5 mil 100 pesos mensuales— dentro de tres años. El Programa Institucional 2021-2024 de la Conasami, advierte que ésto supone un aumento gradual de 18% sobre su nivel actual.

Hay una variable económica que la Conasami deberá contemplar: la inflación. Hace unos días, el Inegi dio a conocer que la inflación en la primera quincena de noviembre fue de 7.05% en términos anuales, su mayor nivel en 20 años. Por lo tanto, la discusión en torno al alza del salario mínimo se inserta en un contexto inflacionario.

Hay que tomar en consideración que, en marzo de este año, el Congreso aprobó una reforma a la Ley Federal del Trabajo que prevé que, a partir de 2022, el aumento al salario mínimo no podrá ser menor a la variación anual del Índice de Precios al Consumidor (IPC). En este sentido, el Gobierno se ha comprometido a que el incremento cada año esté —al menos— dos puntos porcentuales por encima de la tasa de inflación.

Los analistas apuntan que una de las desventajas del incremento del salario mínimo es que eleva los costos de las empresas sin un aumento proporcional en la productividad laboral. Ésto provoca una disminución en la contratación y en los márgenes de ganancias. Por otro lado, hay quienes promueven este incremento al tratarse de un «instrumento de política social» que pretende establecer un piso mínimo.

Cabe destacar que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) ha señalado que el aumento de 88.36 a 141.70 pesos benefició a las familias con menores ingresos, al tiempo que disminuyó la pobreza laboral.

La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) ha planteado que el incremento salarial en 2022 se coloque en 172 pesos diarios. Mientras que algunas organizaciones de la sociedad civil han propuesto una alza a 185 pesos. De acuerdo con el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), el aumento al salario mínimo debería subir —aproximadamente— 7% para mantener el mínimo poder de compra que se tenía al inicio del 2021.

En el marco de la recuperación económica, el aumento del salario mínimo deberá ir acompañado de un incremento en la productividad y de un mayor control sobre la inflación. Sólo así esta alza salarial se traducirá en un mayor nivel de bienestar para la población mexicana.

¿O será otra de las cosas que no hacemos?

Consultor y profesor universitario

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