Foto: Gibrán Villarreal / Las banderas, traídas por los asistentes o compradas ahí mismo, se agitan al ritmo del ya clásico “Es un honooor estar con Obrador”

Es de mañana en el Zócalo capitalino y, lento pero constante, un goteo de gente comienza a llegar al Centro Histórico; pero no van de compras ni a los museos, sino al AMLOFest, evento político, social y musical encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Los más madrugadores bajan de las estaciones del Metro y Metrobús aledañas desde antes del mediodía, vienen por su propio pie y buscan el mejor lugar para estar frente a su ídolo, ese hombre acostumbrado a reunir a las masas desde que era candidato opositor.

Muy conscientes de que seguimos en pandemia, funcionarios públicos y los llamados Siervos de la Nación proporcionan a quienes van llegando gel antibacterial y, a los que no los traen, cubrebocas desechables.

Y es que aunque el Presidente dejó a consideración de la población asistir con cubrebocas y que la CDMX tiene 95% de cobertura de vacunación en adultos, también vienen personas en camión desde lugares tan alejados como Coahuila y Chiapas.

Porque si una tradición no ha desaparecido en el folklore político mexicano, es los grupos que llegan siguiendo a líderes de más o menos poder de convocatoria, algunos con influencia que apenas abarca unas pocas manzanas de su colonia.

Y así, lo que comenzó como un goteo se convierte en un verdadero río de gente que desciende de todo tipo de camiones, desde modernos Pullman hasta modestos Ruta 5.

Por supuesto, para que no haya duda, en sus cristales hay letreros con el nombre del líder y palabras como Morena, 4T o el lugar de procedencia.

Conforme la gente se acerca al Zócalo capitalino, comienza una vendimia similar a la de cualquier concierto o partido de futbol: “»¡Llaverito de AMLO a 10 varos! ¡Gorra del Presidente! ¡La playera, la playera, llévela, llévela!”

Las banderas, traídas por los asistentes o compradas ahí mismo, se agitan al ritmo del ya clásico “Es un honooor estar con Obrador” y “No estás solo, no estás solo”.

Matracas, pancartas, tambores, globos y disfraces se suceden en las calles 5 de Mayo, Madero, 20 de Noviembre y otras que desembocan en la Plaza de la Constitución.

Y ahí, en lo que al Presidente le ha dado por llamar Zócalo “Democrático”, la gente come y bebe en lo que espera a que comience el evento, a las 17:00 horas.

Algunos, más vivillos que el resto, consiguen ingresar con alcohol hasta el Zócalo y beben a la salud de AMLO mientras aguardan la hora.

De pronto, aparece su héroe, su ídolo, el hombre del día, y la multitud ruge como si Panteón Rococo, Pink Floyd o Margarita, la Diosa de la Cumbia hubieran subido al escenario.

Son más de 60 minutos en los que AMLO se llena del amor de su pueblo, tras lo cual, entre la caída de la noche y el viento, los más avispados comienzan a retirarse para alcanzar sus camiones, el Metro o el Metrobús antes de que se atasquen todos los transportes con las 250 mil almas que asistieron al Zócalo.

Es como el Día del Presidente, pero versión 4T.

LEG