Las Poquianchis
Más de 90 cuerpos de mujeres, hombres y fetos fueron encontrados en el patio de Las Poquianchis, las asesinas seriales más temibles del México postrevolucionario. Foto: Tomada de Twitter.

A 57 años de la captura de Las Poquianchis… ¿Cómo se ve en la actualidad la historia de las hermanas que cometieron los crímenes más espeluznantes en la historia de México?

¿Qué habría sucedido en el pasado de las Poquianchis, quienes provocaron un gran número de muertes, golpes e injusticias de mujeres contra mujeres?

La activista feminista cultural Rosalba Cruz López platica con Diario 24 Horas sobre el tema.

«La Poquianchis son el clásico ejemplo de la misoginia interiorizada en las mujeres; por el hecho de ser mujeres, no significa que no puedan tener conductas misóginas y es el claro ejemplo de la capitalización del consumo heterosexual de los cuerpos de las mujeres», agregó.

El otro lado de Las Poquianchis. ¿Qué las llevó a ser tan insensibles?

La historia de Delfina, María de Jesús, Carmen y María Luisa González Valenzuela comenzó en El Salto, Jalisco, en donde su padre -porfirista-, Isidro Torres, era alguacil para el cuerpo de policía rural del gobierno y se encargaba de ejecutar a los delincuentes del pueblo, obligando a sus pequeñas hijas a presenciar sus sangrientos actos.

Machista, prepotente, alcohólico, violento y golpeador, son algunos de los adjetivos con los que se le califica a Torres, quien también violentaba a Bernardina Valenzuela, madre de las muchachas.

Bernardina maltrataba a quienes se convertirían en Las Poquianchis; sus castigos las colocaban en un estado de pánico. Bernardina era una fanática religiosa: las niñas temían al rosario.

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Ante la opresión, los castigos, golpes y machismo, María del Carmen escapó con su novio a otro lugar. La libertad duraría poco.

Su padre los encontró y, en castigo, hizo lo peor: encerró por 14 meses a María del Carmen en la prisión municipal.

No obstante, la suerte de don Isidro Torres cambiaría cuando fue perseguido por las autoridades en consecuencia de un asesinato, lo que generó el olvido de su hija en prisión.

María del Carmen logró conseguir la libertad gracias a que un «generoso» hombre de 50 años llamado «Luis Carnos», se acercó a ofrecerle la libertad… Siempre y cuando se casara con ella, fruto de esa relación Carmen tendrían un hijo.

«Las Poquianchis introyectaron a través de una educación absolutamente violenta que los cuerpos de las mujeres son para el consumo heterosexual; lamentablemente no se ha permeado, seguimos viviendo en una época en la que sigue habiendo explotación de los cuerpos de las mujeres», dijo Cruz López.

Con un padre prófugo y miedo de represalias, las hermanas huirían a otro lugar y su identidad cambiaría.

Gonzales sería su nuevo apellido, con el que empezaría una nueva vida, no obstante, esta no estuvo alejada de la pobreza y la miseria.

Por su parte, María Luisa y Delfina eran empleadas en una empresa textil en la que ganaban muy poco. ¿Habría que cambiar de planes?

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María del Carmen logró separarse del padre de su hijo y enamorada de Jesús Vargas -quien fuera conocido como un criminal y vividor-, en 1938 inaugurarían una pequeña cantina que cambiaría la visión y la historia de María del Carmen para toda la vida.

El negocio quebró, Carmen tendría que regresar con sus hermanas, la mala administración de su marido solo quedaría en la relación ya que la experiencia del negocio, la llevaría a replantear una parte de su futura fortuna.

Al fallecer sus padres, las mujeres recibieron una pequeña herencia que, por iniciativa de Carmen, se iría destinada a la inversión de una tienda de vinos y licores, no obstante, Delfina, -inspirada por el concepto-, propondría darle otro giro al negocio que las haría incursionar en el rubro por el que se harían famosas en todo México.

Conversando con campesinos, les convencían con promesas de que sus hijas tendrían mejor futuro si les permitían encargarse de colocarlas como sirvientas en la capital, con esa estrategia, encontraron las suficientes mujeres para comenzar la trata de blancas que en los 60’s fue descubierta.

«La conductas misóginas no solo las podemos observar en hombres, también en mujeres y son estas conductas pasivo-agresivas de un rechazo y violencia hacia otras mujeres como hablar mal de la otra, sabotearlas, ponerle el pie, es una misoginia que está actuando de manera inconsciente porque lo traemos hasta el tuétano», aseguró Cruz López ante el inicial actuar de Las Poquianchis.

Más de 90 cuerpos de mujeres, hombres y fetos fueron encontrados en el patio de Las Poquianchis, nombre que se les dio gracias a un hombre que les rentó uno de sus primeros locales, era llamado «El poquianchi».

«Ejercer la sororidad es reconocer todos los días la propia misoginia que tenemos introyectada, para eso se requiere ser muy valiente, no es fácil aceptar la sombra», finalizó Cruz López ante su postura sobre una situación que careció de empatía.

A propósito del fallecimiento del director Felipe Cazals, te recomendamos la película de Las Poquianchis protagonizada por María Rojo y Pilar Pellicer disponible en Amazon Prime.

FF