Cazals calificó sus trabajos sobre Rigo Tovar como "alimenticios".
Foto: Captura de video. Cazals calificó sus trabajos sobre Rigo Tovar como "alimenticios".  

En un cuarto de atmósfera cargada Rigo Tovar y los miembros de Costa Azul se relajan tras un concierto; Rigo está a la mesa y el representante del grupo (Rafael Inclán) le espeta «¡Carajo Rigo ¿cómo es posible que sea más fuerte que tú una pinche botella?» y Tovar responde «no es la botella, es lo que lleva dentro».

Así arranca Rigo es amor (1980) dirigida por el recién finado, Felipe Cazals.

Es la primera de dos cintas que el director de El Padre Kino y Los motivos de luz dedicó a la vida y obra del tamaulipeco autor de -entre otras- Dos tardes de mi vida, Amor sincero o Triste Navidad.

«Con la botella matas al artista que traes dentro», reprocha el personaje de Inclán a Rigo y este revira «quiero pisto, un trago, lo necesito».

En Rigo es amor, Cazals cuenta la turbia historia entre Tovar y «Tulipana» una prostituta de la cual se enamora el cantante en su ascenso a la fama y su descenso en la dipsomanía.

El argumento de la cinta es sencillo:

el cantautor originario de Matamoros, Tamaulipas se enamora de una «mujer de la vida galante» que conoce en uno de sus conciertos y por ella deja a su mujer; en los 90 minutos que dura el filme, un Tovar acartonado se interpreta a sí mismo mientras transita por los caminos de la fama.

Fama y dinero que fue acumulando a la par de que perdía la vista por la retinitis pigmentosa.

«Nunca nadie entendió que lo que yo quería era cantar» le comenta Rigo a su representante mientras pasan un momento en el Chapultepec de los 80, con canoas en lugar de pequeñas lanchas en el lago.

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Fiel a su estilo -que fue construyendo con cintas como Canoa, Las Poquianchis y El Apando– Cazals, en la medida de lo posible, representa los conflictos con el acohol que padecía «Rigo es amor».

«Pobre chavo, se ve muy enfermo» -dice un asistente a un concierto en el que el cantante está borracho como una cuba- y la chica que lo «ficha» le contesta «pero es un profesional, cumplidor, igual que yo».

Este es uno de los diálogos presentes en la película, a todas luces comercial pero que no abandonan el estilo «cruel» de Cazals, como se le calificó en su momento.

A lo que una vez respondió:

«A mí me acusan de cruel y de violento muchas veces pero el acto de violencia no está en la pantalla; está en lo que precede o en la conclusión, pero no se ve. Es el espectador, su imaginación y su sentimiento lo que complementa esa secuencia».

Y eso se refleja en un diálogo entre dos de las mujeres que conocieron a Rigo:

«Apenas le llego la suerte, -¿cuál suerte? si aquí llegó siendo un borrachín pobre diablo, y aquí aprendió y se hizo famoso, con mi ayuda y con tu amor (…)- ¿cuántas veces no le serví de madre? (…) En vez de la televisión debería estar en e infierno».

Consciente de que sus trabajos sobre el «ídolo de las multitudes», aquel que lleno un estadio «más que el Papa», eran netamente comerciales, el director de Bajo la metralla, las definió como un «trabajo alimenticio».

Esto, ya que -según declaraciones del propio realizador a Proceso el 31 de marzo de 1980- llevaba dos años y medio sin dirigir por lo que tenía algunos adeudos que saldar.

Pero, de cualquier manera señaló que Rigo es Amor «tiene como sustento el fenómeno social que en sí representa Rigo Tovar en este país».

La segunda cinta, El Gran Triunfo (1981) se centra en el momento cúspide de la carrera de Rigo Tovar, sus problemas con el éxito y maritales.

Cazals tiene algunos guiños a sus atmósferas cargadas en una escena en la que, sumido en las penumbras Rigo -con lentes oscuros- discute con su esposa sobre el cuidado de uno de sus hijos.

Las dos películas no fueron del agrado de Cazals, que en una ocasión declaró sobre ellas:

«No puedo escupir sobre ellas, porque soy un director de cine y puede que a mí me importen cabalmente mis razones para haberlas hecho. Decir que son unas basuras es un hecho irrevocable. Nadie hace conscientemente malas películas. Tampoco me puedo justificar y hacerme la víctima. Lo único que puedo hacer, es hablar lo menos posible de ello”.

Sobre Rigo:

A partir de las muertes de su madre y hermano, 1975 y 1985 respectivamente, la carrera de Rigo Tovar comienza a declinar, los millones de discos vendidos, la fama y fortuna que le dieron álbumes como Amor y Cumbia fueron eclipsados por sus adicciones y enfermedades.

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Con diabetes, vitiligo, adicciones y la retinitis avanzando, Rigo se sometió a una costosa operación (6 millones de pesos de la época) para remediarlo -a principios de los 90 en Cuba- pero al ser un fracaso se sumió en la depresión.

10 años después, el autor de Oh, que gusto de volverte a ver murió de un paro cardiorespiratorio.

LV