Un especial hechizo surge al revisar el brevísimo listado de quienes han ocupado el puesto de seleccionadores nacionales de Alemania a lo largo de su historia.

Lo primero, constatar que el recién llegado, Hansi Flick, es apenas su undécimo director técnico desde 1926, cuando se instituyó el cargo (por comparar, los dos grandes sudamericanos, Argentina y Brasil, lo mismo que dos de los gigantes europeos, Italia e Inglaterra, han cambiado de estratega once veces en lo que va del presente siglo; para reflexionar: México incluso ha tenido más entrenadores nacionales desde 2002).

Lo segundo, reparar en la continuidad. Flick fue parte del equipo de Joachim Löw, quien a su vez trabajó a la sombra de su predecesor Jürgen Klismann. Lo mismo, en los ochenta Berti Vogts fue asistente del Franz Beckenbauer al que sucedió. O, viajando más atrás, Helmut Schön (campeón del mundo en 1974), fue auxiliar de Sepp Herberger (campeón del mundo en 1954), quien antes apoyó al pionero en el puesto, Otto Nerz. Añadir que otros dos entrenadores, Jupp Derwall y Erich Ribbeck, también formaron antes parte del cuerpo técnico. Es decir, que de esos once personajes, sólo Rudi Völler no asistió a otro DT nacional o fue asistido por un futuro DT nacional.

Pienso en todo eso mientras Alemania se ha convertido en la primera calificada a Qatar 2022. Un equipo que viene de jugar su peor Mundial en Rusia 2018, certamen al que llegó como el mayor favorito (¿se acuerdan de que en redes circulaban las tres formaciones estelares que los germanos podían alinear?, ¿se acuerdan de que un año antes, en la Confederaciones 2017, sus jóvenes golearon a México y luego se coronaron?). Fracaso moscovita que habría inclinado a la abrumadora mayoría de las federaciones nacionales a dar un carpetazo y cambiar de rumbo. Sin embargo, Joachim Löw continuó hasta la Eurocopa de este 2021 y en su lugar se colocó a uno de sus otrora aprendices, Hansi Flick.

Ya después en la cancha las cosas pueden resultar bien o mal, excelente o pésimo, pero los alemanes asumen que sus probabilidades de éxito se elevan al apegarse al largo plazo. Donde otros sólo saben corregir destruyendo el pasado y devastando el camino andado, ellos prefieren fortalecerse a través del aprendizaje para pulir y mejorar lo que seguirá.

La Mannschaft dispone otra vez de una generación temible. Como ha sucedido desde 2010, un conjunto que mantiene la eterna disciplina táctica y poderío físico de este futbol, relanzados por lo que aporta el mosaico social que es hoy Alemania. En esa diversidad hay dinámica, inventiva, talento, flexibilidad, tantas veces ausentes cuando Alemania era de un solo color.

A diferencia de lo que pasa con todas las selecciones menos Brasil, Alemania nunca dejó de calificar a un Mundial. Se ausentó de Uruguay 1930 por voluntad y de Brasil 1950, suspendida tras el genocidio de la Segunda Guerra Mundial. La única ocasión en que se atoró fuera de los ocho primeros, fue la de Rusia. En Qatar están listos para redimir tamaña debacle.

 

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Alberto Lati

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