RUBÉN RUIZ GUERRA

 

En Perú, los casi primeros dos meses del Gobierno de Pedro Castillo han estado lejos de ser un día de campo. Esto era de esperarse dadas las circunstancias. Todo indicaba que no sería fácil echar a andar una nueva administración. Los retos generados por una oferta electoral extremadamente dispersa, los conflictos post-electorales y, sobre todo, la magnitud del cambio político que significa la elección de un profesor proveniente de una de las regiones más pobres del país han pasado factura a los procesos de instalación y ejercicio de gobierno. Todo hacía prever que la manipulación, la polarización, los intentos de judicialización de los procesos electorales, el recurso a todas las posibilidades legales y extralegales para anular un resultado que las instituciones ad hoc han mostrado que fue limpio, dio lugar a un ambiente sumamente complicado.

A esto se ha agregado una campaña mediática implacable para buscar “aun debajo de las piedras” motivos para cuestionar al Gobierno, para generar incertidumbres y para impedir el ejercicio del poder del nuevo Presidente. No se puede decir que Castillo haya gozado de alguna luna de miel con su electorado. Al ambiente post-electoral se han agregado las dificultades para armar un equipo de gobierno aceptable para la clase política y académica. Las raíces sociales y políticas del partido del Presidente han ofrecido material para cuestionar la mayoría de las decisiones tomadas. Los barruntos de tormenta crecen día con día.

Clara expresión de todos estos problemas es la reciente encuesta realizada por la empresa DATUM y publicada por el diario La República, que muestra que el Presidente tiene 41 % de aprobación y 46% de desaprobación en el nivel nacional, siendo su bastión más fuerte el sur del país, con 58% de aprobación, y su talón de Aquiles, la región Lima-El Callao, con 61% de desaprobación.

En este contexto, el primer viaje internacional del presidente Castillo ofreció la oportunidad de tener una muy necesaria tregua en el frente interior, a la vez que en lo internacional abrió la posibilidad de afianzar la legitimidad política obtenida en una elección ejemplar. Visitó, en primer lugar, nuestro país, en el marco de la VI Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), de la que México tiene actualmente la Presidencia pro tempore, y en donde se plantearon ambiciosos planes de reestructuración de la institucionalidad para la colaboración americana. Posteriormente, Castillo partió hacia Estados Unidos para asistir a la Sesión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), donde dialogó con su Secretario General. Conversaría también con el presidente del Banco Mundial, la directora del Fondo Monetario Internacional y la directora de la Organización Panamericana de la Salud. Además, se reuniría con empresarios norteamericanos y peruanos. Todo un programa que apunta a afianzar las posibilidades de crecimiento económico del Perú.

 

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