Foto: IMCINE La película de Samuel Kishi, que acumuló 13 nominaciones a las estatuillas que entregará la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas  

Martha Reyes Arias (Guadalajara, 1989) debutó en cine como maestra de actuación de niños, actriz y madre con su personaje de Lucía en Los Lobos, una mujer que admira porque “tiene tantos ovarios para enfrentar la vida” y a la que se le juzga desde una situación de privilegio por dejar solos a sus hijos para trabajar, y que le permitió mirar a las madres migrantes a los ojos y le valió su nominación al Ariel.

La película de Samuel Kishi, que acumuló 13 nominaciones a las estatuillas que entregará la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) el sábado 25 de septiembre, atrapó a la joven actriz tapatía, con trabajos solo en numerosos cortos y teatro, porque es una “carta de agradecimiento y de amor de un hijo a su mamá”, al recordar en entrevista que el director y su hermano Kenji, autor de la música del filme, también se quedaban solos en casa cuando su madre debía trabajar.

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Con su voz juvenil, aguda, nada que ver con la seria de la Lucía que interpretó y con la que dice no tener nada en común respecto a carácter, Reyes Arias comenta que la nominación la agarró desprevenida y apenas entiende qué está pasando, quizás por “el efecto pandemia”.

Pero no oculta su felicidad por el reconocimiento, que ya para ella es como si hubiera ganado el premio por un papel al que llegó casi por casualidad, pues Kishi en realidad la contrató para trabajar en un taller de actuación desde los castings con niños, entre ellos Maximiliano y Leonardo Nájar Márquez, que al final fueron con quienes se estrenó como madre soltera en esa aventura rodada en Alburquerque, Nuevo México.

Para meterse al papel antes siquiera de audicionar, pagó “con sus ahorritos” un viaje a Santa Ana, California, con Kishi y el fotógrafo Jorge Octavio Aráuz Gómez, donde trabajó como una madre migrante limpiando casas y oficinas para entender al personaje, mientras se tomaban imágenes de ella.

Después, ya con su contratación, se empleó en una lavandería en Alburquerque y se llevó a Max y Leo a su casa para convivir con ellos, con la anuencia de sus padres, para estrenarse en el trabajo materno.

–¿Cómo entró y salió de un personaje tan complejo como Lucía?

–Con el trabajo de investigación fue muy sencillo, pude ver a los ojos a estas mujeres, madres migrantes, que viven esto en la vida real; compartí con ellas trabajos en Santa Ana y Alburquerque. Ahí la mayoría eran madres solas, migrantes. Y después de verlas a los ojos, sus luchas, que no se rinden, que siempre se levantan temprano, trabajan de 5 am a 3 pm, la mayoría con un segundo trabajo, con el solazo del desierto de Albuquerque, con el calor de los secadores, la humedad de la lavandería; ver cómo se siguen esforzando, para mí se volvió una cosa de respeto.

Pensé que tenía que hacerles justicia a estas mujeres, usar la plataforma de la película para darles voz, que no fueran nomás números como migrantes que no ves a los ojos ni sus dolores, sino personas, para crear un poco de empatía, despertar un poco la conciencia y tener la fantasía de que se pueden cambiar las cosas, de respetar los derechos de los migrantes, porque las fronteras las pusimos nosotros, el mundo no nació con muros.

La decisión de Lucía de dejar a sus hijos solos, encerrados, para irse a trabajar no se toma fácilmente, no es por gusto ni por capricho, advierte Reyes Arias, es por necesidad, pero sí es fácil juzgar.

“Por supuesto que hay un montón de peligros alrededor de este tipo de decisiones, culpamos a las mujeres porque hacen este tipo de cosas y no nos preguntamos por qué están solas. Si algo debemos tener claro es que la crianza es prácticamente imposible que suceda con una sola persona. Este tipo de trabajos, porque eso es la crianza, aunque no esté reconocido como tal, tiene que ser en colectivo. Si no nacimos con privilegios tenemos que esforzarnos más.

Pero si nacimos con privilegios se vuelve fácil señalar que esto está mal, que es incorrecto o ilegal; sin embargo, si estamos en una situación como la de Lucía donde no hay de otra, pues no hay de otra y tenemos que seguir”, expone la actriz.

–¿Qué son para usted Los Lobos y Lucía?

–La película para mí es empatía, humanidad, amor y familia. Y Lucía es un personaje que me hizo crecer mucho como persona y al que le tengo mucho cariño, no tengo la palabra políticamente correcta para expresarlo, pero Lucía tiene tantos güevos, tantos ovarios para enfrentar la vida, que la admiro.

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LEG