El partido quedó interrumpido. Fotógrafos y periodistas invadieron el campo para adherir sus cámaras y micrófonos a un hombre que lloraba tras conseguir lo que, se aseguraba, era su gol mil. Edson Arantes Do Nascimento, el rey Pelé, se había introducido en la portería rival instantes después de que lo hiciera la ejecución de su penalti.

Una vez ahí, besó la pelota y quedó atrapado tanto en el llanto como por la multitud acechante tras la línea de meta, la prensa seguida en la invasión de campo por aficionados que no tardaron en saltar de la grada a la cancha del estadio Maracaná.

25 minutos tardó en reanudar el cotejo entre Vasco da Gama y Santos aquel 19 de noviembre de 1969. Como complemento anecdótico, Pelé había fallado un penal en días anteriores, presa de la ansiedad y presión por llegar a esa cifra redonda de anotaciones. Por si faltara, el guardameta del Vasco, el argentino Edgardo Andrada, declaró antes de ese duelo que estaba listo para atajar lo que Pelé le lanzara, incluida alguna eventual pena máxima –personaje que, retirado del futbol, pasaría a la historia de la infamia al colaborar con la dictadura militar de su país para consumar el secuestro de disidentes políticos.

El asunto es que nadie dudó en esa época del gol mil de Pelé… salvo por quien aseguraba haber anotado antes más de mil goles, Josep Bican. Delantero de lo más prolífico en los años treinta y cuarenta, este austriaco de ascendencia checa insistió hasta el final de sus días que su estadística superaba los 5 mil tantos y que Pelé sólo había llegado hasta mil contabilizando los goles en entrenamientos.

Pepe Bican fue un soberbio rematador, pilar del Wunderteam, equipo maravilla austriaco que llegó a semifinales en el Mundial de Italia 34. Sin embargo, es imposible que se haya siquiera acercado a la mitad de la cifra que presumía. Por investigaciones que se han hecho no hay manera de atribuirle más de 850. Entendiendo las oscuras épocas en la que jugó, entre guerras, cambios de fronteras, totalitarismos, torneos mal archivados, acaso superó los mil, pero no más.

En cuanto a Pelé, no es que haya mentido abultando sus números con los goles en entrenamientos. Más bien, Brasil tenía un sistema de competencia muy extraño con ramificaciones en los torneos regionales o estaduales. A los goles en multitud de partidos no oficiales debe añadirse que Pelé también contó los que marcó en amistosos, tiempos en los que el Santos efectuaba larguísimas giras por todo el planeta, lucrando con la alineación de su celebérrimo diez –por ejemplo, meses antes del presunto gol mil se dio otro presunto, la guerra civil nigeriana que se interrumpió para ver jugar a Pelé un amistoso, tregua que en cierta medida se dio, aunque nunca en la magnitud que después el club paulista vendió.

Para anotar mil goles hacen falta no menos de 25 temporadas en la élite, calculando 40 goles en promedio por año. Por ello, para que Cristiano toque esa estratósfera necesitará de otras cinco campañas a gran nivel. Es decir, hasta por ahí de los 41 años.

Difícil aunque, viendo su depredadora voracidad, tres goles en dos apariciones con el United, para nada imposible.

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Alberto Lati

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