Escultura de Hernán Cortes
Escultura de Hernán Cortes

En 1982, el último año del sexenio del entonces presidente José López Portillo, se inauguró en el centro de Coyoacán una estatua en honor a Hernán Cortés, retirada por órdenes del mandatario entrante Miguel de la Madrid. ¿Le suena conocida la historia?

Una polémica similar a la que se da hoy con el monumento de Cristóbal Colón del Paseo de la Reforma, ocurrió hace 40 años en el centro de Coyoacán con la estatua de otro conquistador español, Hernán Cortés.

Como parte de la reivindicación hispánica, promovida durante el sexenio del expresidente José López Portillo, se colocó una estatua de Hernán Cortés en el centro de Coyoacán.

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En la escultura  Cortés, junto con un león y una águila mexica, aparecía Malintzin y el hijo de ambos, Martín Cortés, en honor al mestizaje.

La obra se inauguró en 1982 y fue realizada por el escultor Julián Martínez Soros, quien fuera uno de los 456 «Niños de Morelia» llegados a México durante el franquismo y que eventualmente se convirtió en escultor.

La idea de colocar una estatua de Hernán Cortés se cree que fue del presidente José López Portillo, quien se asumía  como criollo y descendiente de aristócratas españoles.

La revista Proceso cuenta que el monumento fue mandado hacer por el titular de la entonces delegación de Coyoacán, Leopoldo Sánchez Duarte, según publicó el historiador y profesor de la UAM-X, Harim B. Gutiérrez.

En un principio, la escultura fue colocada en el centro de Coyoacán a tenor del entonces delegado coyoacanense, conocido entre tanto por sus actividades porriles y su necesidad de congraciarse con la familia de López Portillo, quienes eran profundos hispanófilos.

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Sin embargo, esto no fue del total agrado de la comunidad local y fue tal la polémica, que recién terminadas las gestiones de ambos mandatarios, el gobierno federal encabezado por Miguel de la Madrid ordenó moverla al parque Xicoténcatl donde hasta la fecha sigue en pie.

Lo que no se puede negar es el buen trabajo escultórico de Julián Martínez Soros. Tomó como modelo a Germán Robles, actor consagrado del cine de oro mexicano mientras que el hijo de Sánchez Duarte posó para la figura del pequeño meztizo Martín Cortés.

A los lados se pueden observar un león con las fauces bien abiertas y a un gran águila que se posa imponente al lado de Malinalli, que de ella, por cierto no se sabe con certeza quién fue la mujer que posó para darle forma, pero es cierto que al mirarla pocos rasgos indígenas podemos encontrarle.

Hubo un hecho que marcó para el resto de su historia a la ya poco afortunada estatua y es que a finales del 2013, según registró el portal centrodecoyoacan.mx, la escultura del niño fue robada y desde entonces no ha sido ni reemplazada ni hallada.

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Muy seguramente ya fue vendido al kilo o algo parecido. (¡Vaya historia!).

Bueno, pero a todo esto ¿por qué importa tanto una escultura que prácticamente está olvidada, relegada y casi destinada al olvido?

En entrevista con 24 Horas, el Doctor Harim platicó que las estatuas no representan nunca la historia a secas, sino que siempre cargan consigo alguna intención, que en muchos casos es primordialmente simbólica y por supuesto, política.

Hay que recordar que en octubre de 2020, fue retirada la escultura de Cristóbal Colón del Paseo de la Reforma, hecho que generó controversia entre diversas facciones ideológicas.

Poor un lado, están aquéllos que piensan que su figura representa genuino repudio a años de colonialismo y, por otro, aquellos que piensan que la idea antihispanista es un resentimiento centenario que ya no tiene cabida en pleno siglo XXI.

Sumando a este hecho,  recientemente se anunció que en su lugar se erigirá una nueva figura, la de una mujer indígena Olmeca esculpida por el artista Pedro Reyes.

«…es el gran reconocimiento a los 500 años de resistencia a las mujeres indígenas de nuestro país, a ellas nos debemos, por ellas estamos, es la historia de nuestro país, de nuestra patria», explicó la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum.

En la opinión y análisis del profesor Harim, de alguna manera Sheinbaum, con la aprobación del gobierno de AMLO, usa este acto un tanto para marcar distancias con las formas de administración pasadas y por supuesto la oposición la usa como una manera de atacar al gobierno de López Obrador.

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Y es justamente aquí dónde ocurre la conexión, pues en un debate similar se celebró envuelto aquel empolvado momento de Cortés, cuando el entonces presidente de la Madrid lo reubicó al parque Xicoténcatl.

La estatura por un lado representaba el repudio hacia el gobierno de López Portillo y por otro la necesidad del entrante gobierno de Miguel de la Madrid de apartarse de la imagen de su antecesor y demostrar con algunos hechos simbólicos que él quería encabezar un gobierno muy distinto. ¿Curioso, no?

En fin, al final del día nos queda únicamente preguntarnos: ¿será esta cuasi guerra simbólica de estatuas y monumentos la vía para crear un debate importante que resuelva la histórica lucha entre conquistados y conquistadores? O más importante aún ¿funciona para reivindicar la intención del gobierno actual de crear distancia entre sus antecesores?

FF