No en todos los países un atleta puede emitir una crítica libre y sin consecuencias contra su comité olímpico en plenos juegos internacionales. Y en Bielorrusia, donde gobierna el llamado “último dictador de Europa” y cuyo hijo es el titular del dicho comité… menos.

Pero el caso de la corredora Krystsina Tsimanouskaya solo es la punta del iceberg de la situación política en el país europeo que más anhela el regreso del bloque de la Unión Soviética.

La deportista de 24 años criticó desde Tokio que no la colocaran en la competencia para la que estaba mejor preparada, lo publicó en sus redes sociales y, posteriormente, su propio equipo le recomendó decir que estaba lesionada y le informaron que se regresaría a casa.

Pero en su “casa”, el entorno estaba en llamas. Aleksander Lukashenko se mantiene como el mandatario de Europa del Este más cercano a Vladimir Putin, y apenas el año pasado se declaró ganador de un sexto mandato. De hecho, ha ganado todas las elecciones desde que la nación es independiente, en 1991, tras la caída del Muro de Berlín.

Pero no todos fueron felices con la noticia. Miles de ciudadanos se manifestaron en las calles, y más de 30 mil fueron arrestados. Los principales opositores y candidatos contrincantes debieron refugiarse en otros países, principalmente Ucrania y Polonia, para no ser privados de su libertad.

Las personas cruzaban bosques a salto de mata para huir de la represión y llegar a Lituania. Investigaciones se activaron por parte de la ONU, cuyo Consejo de Derechos Humanos evidencio abusos. Esa es su casa.

Ahora Tsimanouskaya comparte su actual situación de refugiada en Polonia con miles de opositores al Gobierno de Lukashenko, quien apenas hace unas semanas regresó al centro de las discusiones diplomáticas por desviar un avión comercial que volaba sobre su cielo para arrestar a un disidente.

La corredora se convirtió, además, en aquello que no quería ser, lo que le brinda a la historia otro brochazo de dramatismo: en una activista política, en un símbolo, cuando ella solo quería correr la competencia que le correspondía.

Sus críticas fueron dirigidas a los oficiales del equipo, aunque para los Lukashenko todo es personal. El padre, Aleksander, dirigió el Comité Olímpico Nacional de Bielorrusia durante 25 años antes de entregar el puesto a uno de sus hijos, Viktor, en febrero pasado, y para ellos los deportes son un elemento clave del prestigio nacional.

Ayer por la noche se do a conocer que el Comité Olímpico Internacional (COI) retiró las acreditaciones de dos entrenadores bielorrusos y les pidió abandonar la Villa Olímpica por su supuesto intento de obligar a Tsimanouskaya a volver a su país.

FRASE

“No contemplo el asilo político, solo quería correr en los Juegos Olímpicos, era mi sueño. Quiero decirles a todos los bielorrusos que no tengan miedo y, si están bajo presión, hablen”

Krystsina Tsimanouskaya
Atleta bielorrusa

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