Francisco Toledo
Foto: Cuartoscuro El maestro Francisco Toledo forma parte ya de la historia cultural de México  

Francisco Benjamín López Toledo nació en la Ciudad de México, el 17 de julio de 1940, fue el cuarto de siete hijos de Francisco López y Florencia Toledo; se caso más de una vez y tuvo cinco hijos. Además fue artista plástico, activista y promotor cultural, ambientalista, editor de libros y maestro.

Toledo se enfocó en la defensa del patrimonio cultural de Oaxaca y realizó otras obras altruistas, orientadas al libre acceso a la formación artística y el cuidado del medio ambiente.

Desde joven se interesó por las artes plásticas e ingresó al Taller Libre de Grabado de la Escuela de Diseño y Artesanías, el cual fue impartido por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), en la capital mexicana.

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A lo largo de su destacada carrera, se mantuvo fiel a sus orígenes a pesar de las numerosos viajes al extranjero para exponer su arte, desde Tokio a Los Ángeles. Además, rechazó toda clase de reconocimientos, preseas, diplomas y homenajes que distintas instituciones quisieron hacerle.

El trabajo de Toledo le confirió renombre, por lo que sus obras pudieron exhibirse en diferentes puntos de la república, así como en el extranjero.

En 1959, su piezas llegaron a la Galería Antonio Souza y al Fort Worth Center, en Texas; mientras en 1960 viajó a París para aprender y profundizar en nuevas técnicas que lo llevaron a ser una referencia a nivel internacional.

De niño le gustaba leer, pero nunca esperó que el escritor estadounidense Henry Miller se viera atraído por su obra y escribiera en la década de 1960 un texto del catálogo para sus exposiciones en Londres y Nueva York, en el que afirmó que “su audacia brota de la certidumbre”.

Toledo también dirigió campañas para preservar el patrimonio local, luchando para evitar la construcción de hoteles, nuevas carreteras y la apertura de un restaurante McDonald’s en la plaza principal de la capital de Oaxaca. Ayudó a detener un proyecto para instalar un teleférico en Monte Albán, uno de los sitios arqueológicos más llamativos de México.

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De acuerdo con medios, a Toledo le gustaba ser catalogado como un artista autónomo, aunque en ocasiones se le relacionaba con la Generación de la Ruptura.

En el año de 1988, fundó el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO); y 10 años después (1998) recibió el Premio Nacional de las Ciencias y Artes.

Fiel a su estilo irreverente y acogiéndose a un programa de pago en especies de la Secretaría de Hacienda para cubrir sus impuestos, el artista entregó en 2001 “Los cuadernos de la mierda”: 27 tomos con 1,500 imágenes de seres que defecan, entre los que destacan calaveras, perros, demonios y peces.

La serie escatológica, hecha durante su estadía en París, es una de sus obras más representativas.

El maestro falleció el 5 de septiembre de 2019 en Oaxaca.

FF