El discurso de clases y la reforma fiscal

Enrique Campos Suárez

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No es lo mismo distraer a su clientela política con la supuesta rifa del avión presidencial que con ese discurso ya cotidiano del rencor de clase y del desprecio a los que tengan deseos de salir adelante.

Ese es un juego muy perverso y peligroso que puede derivar en un encono que lleve a hechos de violencia.

Parece, sin embargo, el reflejo de un rencor genuino que puede superar el discurso para reflejarse en las políticas de Gobierno.

Ya hemos visto que el desprecio a los empresarios se ha reflejado en renegociaciones arbitrarias de contratos, en la cancelación de obras prácticamente terminadas, como el Aeropuerto de Texcoco o la cervecera de Mexicali.

Se nota en la forma alevosa de marginar a las empresas del sector energético, tanto eléctrico como petrolero y que ahora intentará la 4T elevar a rango constitucional con una iniciativa de contrarreforma energética. En fin.

Ese desprecio a las clases medias y a los que aspiran a tener algo más que un par de zapatos, como lo quisiera el Presidente, puede llegar hasta el terreno fiscal.

Se va acercando la fecha en la que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador presente una iniciativa en materia de impuestos que buscará un solo objetivo: aumentar los ingresos para alimentar la creciente presión de recursos de sus programas asistencialistas.

La promesa presidencial es que no creará ni subirá las tasas de los impuestos. Claro, también prometió que no subirían los precios de los combustibles, como gasolinas y gas LP, y están en niveles máximos históricos.

Una primera línea de impacto la podrían recibir aquellas empresas que han tenido beneficios fiscales como una forma de atraer inversiones para la exportación. Ya sabemos que el sector automotriz está en la mira de las autoridades que cobran impuestos.

Pero habría otros gravámenes que podrían sorprender a más de un contribuyente. Hay que poner mucha atención a dos impuestos que se cobran muy mal en México.

Uno, que sí es una vergüenza en nuestro país, es el predial. Esta es una contribución no federal, que es responsabilidad de las entidades, que no se cobra porque genera malestares políticos que los gobernadores quieren ahorrarse.

Otro impuesto que amenaza con regresar es la tenencia vehicular federal. Tiene prácticamente diez años que se delegó a los estados su cobro y muchos optaron por su exención. Esto ha estimulado enormemente la industria automotriz. Pero ¿qué puede haber más aspiracionista y fifí que tener un coche nuevo? Cuidado con este impuesto.

Y si de plano esos cambios fiscales quedan en manos de los que más rencores sociales carguen en la 4T, podrían inventar un impuesto a la riqueza. Hay que recordar que ya intentaron que el SAT se meta a los domicilios particulares para ver qué tiene cada mexicano.

Quienes creen que este Gobierno se meterá a combatir la enorme evasión fiscal de sus clientelas políticas, pues más vale que con toda esa inocencia corran a comprar un billetito para la siguiente rifa de la Lotería presidencial que ahora incluye un palco en el Estadio Azteca.

@campossuarez