Del sacrificio de Camacho al sacrificado de 2024

José Ureña
José Ureña

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de 24 HORAS.


La sucesión presidencial de 1994 se decidió desde 1988.

Esa historia se escribió apenas tomó posesión Manuel Camacho Solís de la Jefatura del entonces DDF.

Llegó Camacho a su oficina y citó a dos amigos suyos, un historiador chiapaneco y otro con larga carrera política, hoy notario público.

El futurismo ya estaba en marcha y entre los dos convocados decidieron jugar una apuesta entre sí por ver a quién recibía primero.

Pero no fue ninguno de ellos.

Sentados en la antesala, vieron llegar a Raúl Salinas e ingresar a la oficina de Camacho Solís sin siquiera tocar la puerta.

Intelectual y jurista se miraron con sorpresa y les sobró el humor:

-Ni tu ni yo… Ninguno.

-No, Raúl tiene derecho de picaporte.

Hablaron de temas casuales y a los diez minutos vieron cómo el hermano de Carlos Salinas de Gortari salía furioso y se iba sin saludar.

JUEGO DE COMPLICIDADES

En ese momento, Manuel Camacho Solís llamó a Los Pinos por el Teléfono Rojo, la red de Gobierno.

-Presidente, ¿cómo estás?

El tuteo era común entre ellos desde jóvenes, cuando Carlos Salinas, Manuel Camacho y Francisco Ruiz Massieu firmaron una carta compromiso:

Los tres lucharían por alcanzar el poder federal y, quien llegara primero, estaba obligado a impulsar a los otros dos.

Con esa confianza, tras el saludo de rigor, el jefe de Gobierno guardó las formas:

-Creo que te equivocaste conmigo, Carlos.

-¿Por qué me dice eso, Manuel?

-Porque en lugar de mi debiste haber mandado de regente a tu hermano Raúl.

Hábil, Salinas de Gortari, cerró la conversación y después simuló olvidar:

-No te preocupes… No le hagas caso…

Años después, superado por Luis Donaldo Colosio, marginado de la sucesión y peleado con Ernesto Zedillo, Camacho Solís narró esta historia y reflexionó:

-…no entré a los juegos de complicidad.

Hoy, 27 años después, las grillas palaciegas se mueven en direcciones parecidas y viene el momento de las definiciones.

¿Quién será el Manuel Camacho de López Obrador?

NICARAGUA: AQUÉL LÓPEZ

1.- En mayo de 1979 José López Portillo tomó una decisión histórica.

Rompió relaciones con la dictadura de Anastasio Somoza y fue el golpe diplomático que cambió la vida de los nicaragüenses.

…un tiempo, porque años después llegó Daniel Ortega para instalar otro régimen de terror ya condenado por organismos internacionales, pero no por México.

Movido por la represión del nuevo sátrapa centroamericano, el Gobierno ha llamado a consultas al embajador Gustavo Alonso Cabrera.

Es mucho pedir, pero la tradición diplomática aconseja una ruta: retirar al embajador, dejar un encargado de negocios y sumarse a los llamados del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Claro, eso haría aquel López o diplomáticos de estatura universal: Alfonso García Robles, Jaime Torres Bodet, Bernardo Sepúlveda, Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa…

No los tenemos, pero es la oportunidad para Marcelo Ebrard.

Y 2.- La incertidumbre sanitaria ha traído preocupaciones adicionales al sistema educativo mexicano.

Autoridades, padres de familia, maestros y el SNTE de Alfonso Cepeda consultan y supervisan plantel por plantel para determinar la reanudación de clases presenciales.

El sindicato pelea con tres objetivos comprobables, como les denomina Cepeda: semáforo verde, todo el personal vacunado y servicios sanitarios adecuados.

LEG