Bielorrusia podría estar viviendo un momento clave de cambio luego de la crisis detonada hace una semana tras el desvío de un avión comercial con un caza militar por órdenes del presidente, Aleksandr Lukashenko, para detener a un opositor.

La presión generada por dos fuerzas podría detonar una evolución en el país europeo -fiel a Rusia desde la caída de la Unión Soviética, en 1991.

Una de esas fuerzas la constituye el aislamiento al que han sometido a la nación otros países europeos y Estados Unidos, al prohibir a los aviones bielorrusos pasar por su territorio y, a su vez, evitar que sus naves pasen por el territorio gobernado por Lukashenko con mano dura desde 1994.

La otra es más bien benigna para el mandatario que recién ganó otras elecciones presidenciales en agosto pasado, bajo sospecha y protestas por presunto fraude. Se trata del apoyo “incondicional” que ha recibido por parte del ruso Vladimir Putin.

Y es que apenas este fin de semana, tras pláticas entre ambos mandatarios en yate por el Mar Negro, y tras recibir halagos del líder ruso con más tiempo en la cima del poder de la nación euroasiática, desde la Unión Europea (UE) se especula una intención por parte de ese país para anexionar a Bielorrusia, lo que generó polémica.

Apenas ayer, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) también decidió restringir el acceso de diplomáticos bielorrusos a su sede en Bruselas, uniéndose así al veto impuesto por la UE, bloque de 27 países.

Una fuente de la OTAN especificó a la agencia AFP que la medida afecta a cinco diplomáticos bielorrusos, incluyendo al embajador. Ellos solamente podrán ingresar a la sede de la OTAN después de pasar por seguridad y con el acompañamiento de una escolta permanente, como si fueran invitados.

 

LEG