Foto: Especial Esta planta, la más grande de América Latina es capaz de generar hasta 170 metros cúbicos de biogás, mismos que son transformados en 175 kilowatts hora por día  

El vino y el queso no son solo una combinación ganadora para departir con los amigos, familia o en alguna reunión, también se han convertido en materia prima limpia para producir electricidad.

En Querétaro, investigadores de la unidad académica del Instituto de Ingeniería, Unidad Juriquilla, han encontrado la forma de aprovechar los residuos industriales de la próspera industria del vino y el queso que actualmente hay en la región, para obtener hidrógeno y metano; biocombustibles gaseosos útiles para producir electricidad.

El equipo de académicos es encabezado por Germán Buitrón Méndez, quien en entrevista para 24 horas explica que para el proceso se emplea el mosto o zumo de las uvas, así como su cáscara, además del suero de la leche resultante de la industrialización del queso, para darles valor agregado”.

“Nos dedicamos a tratamiento de aguas, pero en este proyecto que hemos venido trabajando por varios años, aproximadamente 6, estamos más enfocados al concepto de ‘biorefinería’, es decir, utilizar, ya no los residuos, sino materia prima para generar productos de valor agregado, evidentemente agua, pero durante el tratamiento obtener otros productos de valor agregado”, explicó el doctor Buitrón.

Pero por qué pensar en el vino y el queso, la razón, señala el académico, es porque los efluentes (líquidos resultantes) de la fabricación de queso y de la fabricación de los vinos es una muy buena materia prima, ya que tienen una alta concentración de materia orgánica que a su vez se transforma en biocombustibles.

En el tratamiento tradicional de agua, las altas concentraciones de materia orgánica son un problema, ya que el reactor, el proceso en sí se vuelve inestable, la aportación que el Instituto de Ingeniería ha hecho con su trabajo es dar estabilidad a este proceso separando las etapas de tratamiento.

Los efluentes vitivinícolas vienen con un pH ácido, que es ideal para iniciar la labor en dos etapas: “En la primera obtenemos hidrógeno a partir de los residuos y lo que sale del primer proceso se pasa al segundo proceso y se produce metano.

El proceso

“El efluente (líquido resultante) vitivinícola lo recogemos durante la vendimia (de junio a noviembre) entre Tequisquiapan y Ezequiel Montes, zona donde están concentradas las bodegas y viñedos, mientras que el resto del año extraemos el suero de la leche para trabajar en el laboratorio y generar electricidad con el biogás”.

Posteriormente, los residuos son transportados al laboratorio del Instituto, donde se procesan con microorganismos (bacterias y arqueas) en varios reactores y una planta piloto en una acción en serie.

En el primer reactor se logran ácidos grasos a muy alta concentración, dentro de los cuales hay ácidos de cadena media, como el caproico y caprílico que tienen un valor agregado mucho mayor que lo que tienen los biocombustibles, ya que pueden utilizarse como complemento en la alimentación animal”, indicó.

La propuesta es utilizar los biocombustibles gaseosos obtenidos de los residuos, en las propias productoras de vino y queso para hacerlas autosuficientes sin transportar muy lejos el biogás.

Por ahora, el instituto trabaja solo con algunas de las empresas vitivinícolas y casas queseras, pero parte de su planteamiento es que en un futuro no muy lejano, los interesados, las industrias, comiencen a hacer pruebas y se construyan plantas.

Unos cuantos años antes de morir y como uno de sus legados, el secretario René Drucker, impulsó en la Alcaldía de Milpa Alta, en la Ciudad de México una planta donde se genera electricidad con materia prima resultante del nopal.

Desde 2017 y con ayuda de un biodigestor, los desechos orgánicos que se producen a diario en el Centro de Acopio y Comercialización de Nopal-Verdura de la alcaldía son transformados en biogás y luego en energía eléctrica.

Esta planta, la más grande de América Latina es capaz de generar hasta 170 metros cúbicos de biogás, mismos que son transformados en 175 kilowatts hora por día.

LEG